¿La proteína es el macronutriente más saciante?

Publicado: 12 de diciembre de 2024
Modificado: 9 de diciembre de 2024

En este artículo, vamos a explorar qué dice la ciencia sobre el poder saciante de la proteína y cómo se compara con otros macronutrientes como los carbohidratos y las grasas.

Más allá de eso, nos haremos una pregunta fundamental: ¿es la saciedad el factor más importante para determinar qué deberíamos comer?

Dependiendo de tus objetivos —ya sea perder peso, ganar masa muscular o simplemente mantener una dieta equilibrada— la respuesta podría sorprenderte.

Acompáñame mientras desglosamos la evidencia y replanteamos lo que realmente significa comer para sentirse lleno y satisfecho. 🚒

La jerarquía en la saciedad: proteína, carbohidratos y grasas

Cuando hablamos de saciedad, no todos los macronutrientes son iguales.

🔺 Existen diferencias jerárquicas en cómo afectan nuestro apetito y nuestra ingesta energética (EI) [estudio].

Según la evidencia, la proteína es el macronutriente más saciante, seguida por los carbohidratos (CHOs), mientras que las grasas ocupan el último lugar [revisión].

Macronutriente más saciante
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La proteína, el macronutriente más saciante

La proteína lidera en términos de saciedad, especialmente cuando se consume en cantidades moderadas o altas, superiores a 1.5 MJ.

En estos niveles, la proteína no solo reduce la sensación de hambre, sino que también suprime la ingesta energética más allá de lo esperado según su aporte calórico [estudio].

Sin embargo, manipulaciones pequeñas, por debajo de 1.2 MJ, no siempre muestran diferencias significativas en la saciedad en comparación con otros macronutrientes [estudio].

MJ se refiere a megajulios, una unidad de energía utilizada para medir el aporte calórico de los alimentos. Un megajulio equivale a 239 kilocalorías (kcal), que es la medida más común en las etiquetas de los alimentos. Por ejemplo, 1.5 MJ representa aproximadamente 358 kcal, mientras que 1.2 MJ equivale a unas 287 kcal.

Además, estudios en laboratorio y en condiciones libres han encontrado que las dietas ricas en proteínas tienden a disminuir la motivación para comer de manera más consistente que los CHOs y las grasas.

A pesar de esto, algunos estudios señalan que este efecto puede no traducirse siempre en una reducción sustancial de calorías consumidas a largo plazo.

Carbohidratos: saciedad proporcional a su energía

Los carbohidratos tienen un efecto moderado en la saciedad comparados con las proteínas [metaanálisis].

A diferencia de la proteína, los CHOs tienden a reducir el hambre en proporción a su aporte energético. Esto significa que su impacto no excede su contribución calórica, pero sigue siendo más efectivo que las grasas en el control del apetito.

Además, los CHOs complejos, como aquellos ricos en fibra, pueden potenciar su efecto al estimular el "freno ileal", una señal fisiológica que reduce el hambre al final del intestino delgado [revisión].

Carbohidratos saciedad proporcional
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Grasas: alta densidad energética, baja saciedad

Las grasas, aunque fundamentales en la dieta, son menos saciantes en comparación con la proteína y los CHOs [estudio].

Su contribución desproporcionada a la densidad energética (ED) de los alimentos explica en parte por qué inducen mayores niveles de ingesta energética en dietas altas en grasa. Este efecto se ha observado tanto en estudios a corto plazo como en periodos de meses.

Sin embargo, las grasas tienen un papel importante en la experiencia sensorial de los alimentos, al aportar textura, humedad y como vehículo de sustancias aromáticas solubles en grasa.

Además, investigaciones han demostrado que las combinaciones de grasas y azúcares pueden tener un efecto sinérgico, intensificando la motivación para comer más allá de lo que cualquiera de estos macronutrientes lograría por separado [estudio, estudio, estudio].

¿Afectan los macronutrientes al apetito independientemente de su densidad energética?

Aunque la densidad energética de los alimentos es un factor clave en la regulación del hambre, los macronutrientes pueden influir en la saciedad de forma independiente:

  • Proteína y CHOs: se ha observado que estos macronutrientes reducen el apetito incluso cuando las dietas tienen una ED controlada [revisión].
  • Grasas: aunque menos saciantes, las grasas pueden influir en la ingesta debido a sus cualidades sensoriales y su interacción con otros macronutrientes.

🔍 En un estudio con dietas isoenergéticas, las grasas y los CHOs produjeron efectos similares en la ingesta a largo plazo, mientras que la proteína mostró un impacto significativamente mayor en la reducción de la motivación para comer.

Macronutrientes al apetito
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¿Qué papel juega la fibra en la saciedad?

La fibra, aunque técnicamente no suele considerarse un macronutriente, tiene un efecto destacado en la regulación del hambre.

🤓 Estudios han demostrado que aumentar la cantidad de fibra en una comida puede reducir tanto el hambre como la ingesta energética en la siguiente comida [revisión].

Esto se supone que se debe a su capacidad para ralentizar la digestión y prolongar la sensación de plenitud.

Saciedad y preferencias sensoriales: una interacción compleja

El placer asociado a la comida, regulado por el sistema hedónico, puede anular los efectos de la saciedad fisiológica [revisión].

Alimentos ricos en grasa y azúcar pueden estimular una respuesta placentera que impulsa a comer más, incluso si ya estamos físicamente satisfechos.

Este fenómeno parece tener raíces evolutivas, ya que nuestro cuerpo está programado para aprovechar al máximo los alimentos densos en energía cuando están disponibles.

Nuestro cuerpo regula cuánto comemos a través de dos sistemas:

  • Ruta homeostática: Se encarga del equilibrio energético. Nos hace sentir hambre cuando nuestras reservas de energía están bajas.
  • Ruta hedónica: Está basada en el placer. Incluso si no tenemos hambre, puede impulsarnos a comer alimentos muy sabrosos (como dulces o frituras) porque nos resultan agradables.

A diferencia de la comida, la motivación para consumir drogas se controla únicamente por la ruta hedónica, ya que no están relacionadas con necesidades energéticas.

Saciedad y preferencias sensoriales
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¿Qué es la saciedad y cómo funciona?

La saciedad es la sensación de plenitud que experimentamos después de comer, indicándonos que hemos consumido suficiente alimento y ayudándonos a regular la ingesta hasta la próxima comida.

Cuando tenemos el estómago vacío, la hormona grelina, conocida como la "hormona del hambre", se libera en grandes cantidades. Esta hormona actúa como un mensajero que viaja hasta el cerebro, específicamente al hipotálamo, diciéndole que es hora de comer.

En el momento en que comenzamos a comer, los niveles de grelina disminuyen, y otras hormonas como la colecistoquinina (CCK) y el GLP-1 entran en acción, enviando señales de que estamos satisfechos.

Cuando comemos, el estómago se expande para acomodar los alimentos, activando receptores de estiramiento que envían señales al cerebro a través del nervio vago.

Además, la leptina, producida por las células grasas, actúa a más largo plazo informando al cerebro sobre nuestras reservas de energía. Si tenemos suficiente grasa almacenada, la leptina ayuda a reducir el apetito, mientras que niveles bajos pueden desencadenar una mayor sensación de hambre.

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Conclusiones

  • La proteína es significativamente más saciante que los carbohidratos y las grasas, especialmente cuando se consume en cantidades moderadas o altas.
  • A pesar de que es más saciente, no ha demostrado que ayude a disminuir la cantidad de calorías ingeridas totales. Por lo tanto, su capacidad de saciedad parece irrelevante en la práctica.
  • Los carbohidratos ofrecen una saciedad más inmediata, mientras que las grasas son menos efectivas en este aspecto, pero contribuyen al placer sensorial.
  • La fibra desempeña un papel importante en la regulación del hambre y debería ser un componente clave en cualquier estrategia dietética.
  • El placer sensorial y los contextos sociales o emocionales pueden influir profundamente en nuestras elecciones alimenticias y en nuestra capacidad para regular la ingesta.

“Para crear y disfrutar una dieta satisfactoria con alta saciedad tanto durante como entre las comidas, idealmente queremos que nuestra dieta consista en alimentos de baja densidad energética y alta palatabilidad; sin embargo, estos alimentos no son muy comunes.

Una dieta rica en alimentos de baja densidad energética permitiría a las personas experimentar una sensación de saciedad durante las comidas (alta saciedad), inhibir el consumo excesivo y ofrecer una sensación de satisfacción prolongada entre comidas (alta saciedad entre comidas), retrasando así el hambre y la necesidad de comer nuevamente.

Este tipo de dieta sería baja en grasas, con un aporte adecuado de proteínas y fibra, e incluiría abundantes frutas, verduras, cereales integrales y alimentos con alto contenido de agua (de manera natural o incorporados durante la preparación).” - ADAM DREWNOWSKI. Fuente

1. Drewnowski, A., Krahn, D. D., Demitrack, M. A., Nairn, K. & Gosnell, B. A. Taste responses and preferences for sweet high-fat foods: Evidence for opioid involvement. Physiology & Behavior 51, 371–379 (1992).

2. DiFeliceantonio, A. G. et al. Supra-Additive Effects of Combining Fat and Carbohydrate on Food Reward. Cell Metabolism 28, 33-44.e3 (2018).

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8. Johnstone, A. M., Stubbs, R. J. & Harbron, C. G. Effect of overfeeding macronutrients on day-to-day food intake in man. Eur J Clin Nutr 50, 418–430 (1996).

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