Durante los últimos años, la kombucha se ha convertido en una de las bebidas más de moda dentro del mundo del bienestar. En redes se promociona como un “probiótico natural” que mejora la digestión, equilibra la microbiota y, según algunos, ayuda incluso a perder grasa.
Pero antes de llenar el frigorífico de botellas con hongos flotando, conviene revisar algo más importante que los titulares: qué dicen realmente los estudios.
En este artículo veremos qué es la kombucha, cómo actúa en el cuerpo, qué resultados se han encontrado en los ensayos clínicos y por qué su efecto sobre la pérdida de peso —si existe— parece ser mínimo.

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Toggle🧬 ¿Qué es y cómo actúa la kombucha en el cuerpo?
La kombucha se elabora al fermentar té (verde o negro) con azúcar y una colonia simbiótica de bacterias y levaduras, conocida como SCOBY.
Durante la fermentación, el azúcar se transforma parcialmente en ácidos orgánicos (acético, glucónico, láctico), pequeñas cantidades de alcohol y metabolitos con posible acción antioxidante o antimicrobiana.

Se le atribuyen varios mecanismos teóricos que podrían influir en el peso corporal:
- Modulación del microbioma intestinal: al contener microorganismos vivos, podría alterar el equilibrio de bacterias intestinales, mejorando la utilización de energía y la sensibilidad a la insulina.
- Efectos del té base: tanto el té verde como el negro aportan polifenoles (catequinas, teaflavinas) que participan en la regulación metabólica y la oxidación de grasas.
- Disminución de la inflamación sistémica: algunos ensayos han mostrado reducciones leves en citocinas inflamatorias como la IL-6, que a largo plazo podrían mejorar el metabolismo energético.
Hasta aquí la teoría. Pero ¿qué ocurre cuando se pone a prueba en humanos?
🔬 ¿Qué dice la ciencia?
🧍♀️ Adultos con exceso de peso
🔎 Un equipo brasileño liderado por Fraiz et al. (2024) evaluó los efectos de una kombucha elaborada con té verde durante 10 semanas en personas con exceso de peso.
Los participantes tomaron 200 mL al día, dentro de una dieta controlada. El grupo kombucha redujo significativamente la interleucina-6 (IL-6) —un marcador inflamatorio— y mejoró el índice de acumulación lipídica (Lipid Accumulation Product).
Sin embargo, no hubo diferencias significativas en pérdida de peso respecto al grupo control, que también seguía una dieta equilibrada. Es decir, la kombucha mejoró algunos biomarcadores, pero no la masa grasa.

Después de 10 semanas tomando kombucha de té verde, los participantes tuvieron un aumento menor de inflamación (IL-6) que el grupo control (+1,1 vs +3,3 pg/mL). Es decir, ayudó a reducir la inflamación, pero no bajó el peso corporal
🔎 Poco después, Costa et al. (2025) probaron una versión con té negro durante 12 semanas en personas con y sin obesidad.
El estudio mostró que la kombucha modificó la composición de la microbiota intestinal, aumentando bacterias consideradas beneficiosas como Akkermansia muciniphila, pero tampoco hubo cambios en el peso corporal ni en el porcentaje de grasa.
💪 Adultos sanos
🔎 En un ensayo clínico realizado por Ecklu-Mensah et al. (2024), adultos sin patologías consumieron 240 mL diarios de kombucha durante cuatro semanas.
El estudio, controlado y con grupo placebo, mostró una reducción en la glucosa en ayunas y algunas mejoras leves en sensibilidad a la insulina, pero sin cambios significativos en el peso corporal o la composición corporal.

El grupo control pasó de 78,35 kg a 77,80 kg y el grupo kombucha de 71,13 kg a 71,23 kg. No se observaron diferencias significativas entre grupos ni efectos sobre glucosa, insulina o inflamación
🩸 Personas con diabetes tipo 2
🔎 Finalmente, un equipo estadounidense dirigido por Mendelson et al. (2023) estudió a personas con diabetes tipo 2 durante cuatro semanas de consumo de kombucha diaria.
El grupo intervención redujo significativamente la glucosa en ayunas en comparación con el placebo, lo que sugiere cierto beneficio metabólico. Aun así, el peso corporal no se modificó.

En personas con diabetes tipo 2, la kombucha redujo el azúcar en sangre (164 → 116 mg/dL), mientras que el placebo bajó solo a 141 mg/dL. No hubo cambios en el peso corporal
🌿 Entonces, ¿cómo tomarla con sentido?
Si se consume, la forma más razonable —según la evidencia actual— sería:
- Cantidad: entre 150 y 250 mL al día.
- Tipo: preferiblemente elaborada con té verde o negro y sin azúcares añadidos.
- Duración: al menos 8-10 semanas, como en los estudios disponibles.
- Acompañada siempre de una alimentación equilibrada y un déficit calórico moderado.
👉 No sustituye a la dieta ni al ejercicio. Puede considerarse un complemento dentro de un estilo de vida saludable, no una estrategia de adelgazamiento.
🧠 Análisis crítico de los estudios
Los ensayos humanos disponibles comparten un patrón claro: La kombucha puede mejorar marcadores metabólicos (glucosa, inflamación, microbiota), pero no se traduce en una pérdida de grasa significativa.
Las posibles razones son varias:
- Efectos indirectos: la mejora de la microbiota o la inflamación no implica automáticamente una reducción del tejido adiposo.
- Duración corta de los ensayos: la mayoría no supera las 10-12 semanas, probablemente insuficientes para ver cambios sustanciales en composición corporal.
- Composición variable: cada kombucha tiene un perfil distinto de microorganismos y ácidos, lo que dificulta estandarizar resultados.
- Contenido de azúcar residual: algunas bebidas comerciales mantienen niveles moderados de glucosa o fructosa, que pueden compensar cualquier beneficio metabólico.
- Tamaño muestral pequeño: la mayoría de los estudios tienen entre 20 y 50 participantes, por lo que sus conclusiones deben interpretarse con cautela.
👉 En conjunto, la kombucha parece segura para la mayoría de adultos sanos y podría tener efectos modestos sobre marcadores de salud metabólica, pero no es una herramienta efectiva para perder peso por sí sola.
✍️ Conclusiones
La kombucha no ha demostrado provocar pérdida de peso, aunque algunos estudios apuntan a mejoras leves en inflamación, glucemia y microbiota intestinal.
Su papel, de existir, sería modesto y secundario dentro de una intervención dietética completa. Tomarla puede tener sentido como bebida saludable sin azúcar añadido, pero no como “quemagrasas”.
Para perder grasa de manera eficaz, las estrategias con mayor respaldo científico siguen siendo las mismas: mantener un déficit energético, moverse más, dormir bien y priorizar una alimentación basada en alimentos reales.
Y si quieres revisar cuáles sí tienen evidencia sólida, puedes ver nuestro análisis completo aquí:






