Grasas y ganancia muscular: qué papel juegan, cuánta y cuáles

Publicado: 14 de septiembre de 2023
Modificado: 3 de agosto de 2026

La grasa no construye músculo, lo hace posible. El músculo crece con entrenamiento de fuerza, proteína suficiente y algo de energía de sobra; la grasa aporta ácidos grasos y vitaminas que no puedes fabricar, ayuda a llegar a ese superávit y sostiene tu hormonación. Ninguna grasa concreta "da músculo".

Grasas para el crecimiento muscular
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Como dietista, la duda que hay detrás de esta pregunta suele ser "¿qué grasa tengo que comer para crecer?", y ese ya es el enfoque equivocado. Te cuento qué construye la fibra de verdad, para qué sí necesitas grasa, cuánta poner y por qué el cuento de que comer más grasa te dispara la testosterona no aguanta los números.

Puntos clave:
  • El músculo lo construyen el entrenamiento, la proteína y un pequeño superávit de energía; la grasa es un facilitador, no el motor.
  • La grasa cumple funciones que ninguna otra fuente cubre: ácidos grasos esenciales, vitaminas liposolubles y densidad energética para comer suficiente.
  • Las dietas bajas en grasa se asociaron con un descenso pequeño de la testosterona (diferencia estandarizada -0,38) en un metaanálisis de 6 estudios y 206 hombres (Whittaker 2021), lo que no significa que comer más grasa la dispare.
  • Un reparto de grasa razonable está en el 20 a 35% de la energía, sin bajar del 20%; la calidad importa más que la cantidad exacta.

ⓘ Sobre este contenido

Este artículo tiene fines informativos y base científica. No sustituye una pauta individualizada. Si tienes diabetes, tomas medicación, estás embarazada o tienes una condición renal, hepática o cardiovascular, cualquier cambio grande de dieta lo debe supervisar un profesional.

Qué hace crecer el músculo (y qué papel real tiene la grasa)

Antes de hablar de grasa conviene ordenar la jerarquía, porque casi toda la confusión nace de aquí. El músculo responde a un estímulo (el entrenamiento) y a unos materiales (la proteína y la energía). La grasa entra en la ecuación, pero por la puerta de la energía y las funciones básicas, no como ladrillo que se convierte en fibra.

El trío que sí manda: entrenar, proteína y energía

La hipertrofia necesita tres cosas a la vez, y la grasa no es ninguna de ellas de forma directa. La primera es un entrenamiento de fuerza que lleve al músculo cerca del fallo con una carga progresiva.

La segunda es proteína suficiente: en un metaanálisis de 49 estudios y 1.863 personas, suplementar proteína durante el entrenamiento de fuerza aumentó la masa magra en 0,30 kg y la fuerza en press en 2,49 kg de media, con una meseta alrededor de 1,6 gramos de proteína por kilo al día (Morton et al., 2018).

La tercera es la energía: para construir tejido nuevo necesitas comer algo por encima de tu gasto, un superávit moderado. La grasa participa aquí, aportando calorías, pero el estímulo y el aporte proteico son los que deciden si esas calorías extra se van a músculo o a grasa corporal. Sin entrenar y sin proteína, comer más grasa solo engorda.

Por qué ninguna grasa "construye" músculo

La idea de que existe una grasa "muscular" viene de mezclar dos cosas distintas: aportar energía y aportar el material de la fibra. El músculo está hecho sobre todo de agua y de proteína, y sus ladrillos son los aminoácidos que salen de la proteína que comes, no los ácidos grasos.

La grasa se usa como combustible, se almacena o cumple funciones de señalización y estructura de las membranas, pero no se transforma en filamentos contráctiles. Por eso ningún aceite, fruto seco ni pescado tiene un poder especial para hacerte crecer.

Cuando alguien gana músculo comiendo más aguacate o más frutos secos, lo que ha ocurrido casi siempre es que ha sumado las calorías que le faltaban para entrar en superávit, con la proteína y el entreno ya cubiertos. El mérito es de las calorías y del estímulo, no del alimento de moda. La grasa concreta que elijas cambia tu salud cardiovascular y tu saciedad, no el tamaño de tu bíceps.

Para qué necesitas grasa aunque no construya fibra

Que la grasa no sea el ladrillo no la vuelve prescriptible. Cumple tres papeles que, si los descuidas, te pasan factura: aporta lo que el cuerpo no fabrica, te ayuda a comer suficiente y sostiene tu perfil hormonal. Vamos con los tres, y de paso con el mito que rodea al tercero.

Ácidos grasos esenciales y vitaminas liposolubles

Hay dos ácidos grasos que tu cuerpo no sabe fabricar y tienes que comer sí o sí: el ácido linoleico (de la familia omega-6) y el ácido alfa-linolénico (omega-3). La autoridad europea de seguridad alimentaria fija una ingesta adecuada del 4% de la energía para el linoleico y del 0,5% para el alfa-linolénico, más unos 250 mg al día de EPA y DHA en adultos (EFSA, 2010).

No es una cifra que persigas con calculadora, pero explica por qué una dieta con la grasa muy recortada empieza a fallar. A eso se suma que las vitaminas A, D, E y K son liposolubles: necesitan grasa en la comida para absorberse bien. Un plato con verdura y nada de grasa aprovecha peor esas vitaminas que el mismo plato con un chorro de aceite de oliva.

Comer grasa suficiente protege funciones que no verás en el espejo pero que sostienen el rendimiento y la recuperación.

Densidad energética: la grasa te ayuda a llegar al superávit

Aquí está el papel más práctico de la grasa en una etapa de ganancia. Cada gramo de grasa aporta 9 kilocalorías, más del doble que la proteína o el hidrato, que rondan las 4. Para quien le cuesta comer lo suficiente para crecer, y hay mucha gente así (el clásico "como mucho y no subo"), la grasa es la palanca más cómoda para sumar calorías sin llenarte hasta reventar.

Un puñado de frutos secos, una cucharada de aceite de oliva o algo de crema de cacahuete añaden bastantes calorías en poco volumen. El otro lado de la moneda: por esa misma densidad es fácil pasarse sin darte cuenta si tu problema es el contrario y engordas con facilidad.

La grasa no engorda por ser grasa, engorda igual que cualquier exceso de energía, pero concentra muchas calorías en poco espacio, así que conviene usarla con intención, no a ojo.

El mito de la grasa y la testosterona

La creencia de que comer más grasa te sube la testosterona lo suficiente como para ganar más músculo es una verdad a medias que se estira demasiado.

Lo que hay de cierto: un metaanálisis de intervención observó que las dietas bajas en grasa se asociaron con un descenso pequeño de la testosterona frente a dietas altas en grasa, con una diferencia estandarizada de -0,38 para la testosterona total (intervalo de confianza del 95%: -0,75 a -0,01), sobre 6 estudios y 206 hombres (Whittaker y Wu, 2021).

Lo que ese dato no dice: los propios autores piden más ensayos, el tamaño del efecto es pequeño y la comparación era baja frente a alta en grasa, no "normal frente a mucha". Comer grasa dentro de un rango normal ya cubre el asunto; pasarte de grasa no te sube la testosterona a un terreno que cambie tu músculo.

Recortarla de forma agresiva puede bajarla un poco, pero la solución es no recortar de más, no atiborrarte de grasa esperando un efecto anabólico que la evidencia no respalda.

Cuánta grasa comer para ganar músculo

Una vez claro que la grasa facilita y no construye, la cantidad se vuelve sencilla: la suficiente para cumplir sus funciones y para encajar tus calorías, sin comerte el hueco que necesitan la proteína y el hidrato. No hay un número mágico, hay un rango cómodo y un suelo por debajo del cual no conviene bajar.

El rango que puedes usar

El reparto de referencia para adultos sitúa la grasa entre el 20 y el 35% de la energía diaria, un rango que fijó la junta de nutrición del Instituto de Medicina de Estados Unidos y que recogen las guías alimentarias (Dietary Guidelines for Americans).

En una etapa de ganancia muscular funciona bien moverte dentro de esa horquilla: primero fijas la proteína en torno a 1,6 a 2,2 gramos por kilo, luego pones el hidrato que alimenta tus entrenamientos, y la grasa ocupa el resto de las calorías hasta cuadrar tu superávit. Si comes poca cantidad total y te cuesta subir, tira hacia la parte alta del rango porque la grasa te ayuda a sumar energía.

Si engordas con facilidad, quédate en la parte baja para dejar sitio a más hidrato alrededor del entreno. La clave es que el reparto se ajusta a tu contexto, no al revés.

El suelo: no bajar del 20%

El error más frecuente que veo en gente que busca definirse mientras intenta ganar músculo es recortar la grasa casi a cero, pensando que así "quema" más. Las guías de nutrición deportiva coinciden en que la grasa no debería caer por debajo del 20% de la energía, ni siquiera en deportes sensibles al peso, porque por debajo empiezan a resentirse la ingesta de ácidos grasos esenciales, la absorción de vitaminas liposolubles y la producción hormonal.

Bajar mucho la grasa también complica llegar a las calorías del día y suele empeorar la saciedad y la adherencia, dos cosas que en una etapa de volumen juegan en tu contra. No hace falta llevar la cuenta al gramo: con incluir aceite de oliva, algo de pescado azul, huevos y frutos secos a lo largo del día es difícil quedarte corto.

El objetivo no es minimizar la grasa, es no dejarla caer por debajo de ese suelo mientras el resto del plato hace su trabajo.

Qué grasas elegir para acompañar el crecimiento

Si la cantidad importa poco dentro del rango, la calidad es donde de verdad decides bien o mal, sobre todo por salud a largo plazo.

Las mejores fuentes para acompañar una etapa de ganancia son las mismas que recomendaría a cualquiera: aceite de oliva virgen extra como grasa principal para cocinar y aliñar, frutos secos y semillas al natural o tostados sin sal, pescado azul (sardina, caballa, salmón, boquerón) un par de veces por semana por su aporte de omega-3, huevos enteros sin miedo a la yema, y aguacate.

Ninguna de estas grasas "da músculo" más que otra: lo que aportan es un perfil de ácidos grasos favorable, saciedad y, en el caso del pescado azul, los omega-3 de cadena larga que cuesta obtener de otras fuentes. Frente a ellas, conviene limitar (no prohibir) las grasas de la bollería, los fritos de mala calidad y los ultraprocesados grasos, que suman calorías y grasas menos interesantes sin ventaja alguna para tu entrenamiento.

Elegir bien la fuente es lo que hace que subir la grasa te sume salud en vez de restártela.

Preguntas frecuentes

¿Qué grasas son buenas para ganar masa muscular?

Las mismas que son buenas en general: aceite de oliva virgen extra, frutos secos y semillas, pescado azul, huevos y aguacate. Son buenas porque tienen un perfil de grasa favorable y te ayudan a cuadrar las calorías, no porque construyan fibra. El músculo lo levantan la proteína, el entrenamiento y el superávit; la grasa acompaña.

¿Comer más grasa me sube la testosterona y me hace crecer más?

No en la práctica. Recortar la grasa de forma agresiva puede bajar un poco la testosterona (Whittaker 2021 vio una diferencia pequeña, con solo 6 estudios), pero comer grasa dentro de un rango normal ya cubre eso. Pasarte de grasa no te lleva a un terreno hormonal que cambie tu ganancia muscular, solo te aporta calorías de más.

¿Qué pasa si tengo más grasa que músculo?

Significa que tu composición corporal tiene margen, y el plan sensato no es dejar de comer grasa, sino combinar entrenamiento de fuerza, proteína alta y un ajuste de calorías según tu objetivo. Con exceso de grasa corporal muchas veces interesa una recomposición o un déficit suave manteniendo la proteína, más que un volumen agresivo. La grasa de la dieta y la grasa corporal son cosas distintas.

¿Cómo puede ganar masa muscular un diabético?

Con los mismos principios (fuerza, proteína, energía adecuada), pero la diabetes cambia el manejo de los hidratos y de la medicación, así que este caso se sale del alcance de este artículo. Si tienes diabetes, ajusta la pauta con tu equipo médico o un dietista antes de tocar dieta o volumen de entreno.

Deja de buscar el alimento que da músculo

La pregunta "¿qué grasa como para crecer?" comparte raíz con "¿qué alimento me hace ganar músculo?", y las dos llevan al mismo callejón sin salida. No existe un alimento anabólico, igual que no existe una grasa muscular. El cuerpo no lee etiquetas, lee estímulos y balances: cuánto lo retas en el gimnasio, cuánta proteína le das y cuánta energía sobra al final del día.

Cuando entiendes eso, la grasa deja de ser un ingrediente misterioso y se convierte en lo que es: una herramienta para cuadrar tus calorías y cuidar tu salud mientras el trabajo pesado lo hacen las series y los gramos de proteína. Poner el foco en la grasa correcta antes de tener resueltos el entrenamiento y la proteína es ordenar la despensa mientras se quema la comida.

Primero el estímulo y el material, después el ajuste fino. Ese orden es el que separa a quien progresa de quien lleva años cambiando de aceite sin cambiar de físico.

  1. Morton RW, Murphy KT, McKellar SR, et al. A systematic review, meta-analysis and meta-regression of the effect of protein supplementation on resistance training-induced gains in muscle mass and strength in healthy adults. Br J Sports Med. 2018;52(6):376-384. https://doi.org/10.1136/bjsports-2017-097608
  2. Whittaker J, Wu K. Low-fat diets and testosterone in men: Systematic review and meta-analysis of intervention studies. J Steroid Biochem Mol Biol. 2021;210:105878. https://doi.org/10.1016/j.jsbmb.2021.105878
  3. EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition, and Allergies. Scientific Opinion on Dietary Reference Values for fats. EFSA Journal. 2010;8(3):1461.
  4. U.S. Dept. of Health and Human Services / USDA. Dietary Guidelines for Americans (AMDR del Institute of Medicine, 2005).
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