El colesterol es una molécula fundamental para múltiples procesos fisiológicos, como la producción de hormonas esteroideas, la formación de membranas celulares y la síntesis de ácidos biliares.
Usualmente asociamos el colesterol alto con un estilo de vida sedentario y hábitos alimentarios deficientes. Sin embargo, existen deportistas con un estilo de vida activo y aparentemente saludable que pueden mostrar niveles elevados de colesterol.
En este artículo, revisaremos las posibles causas de este fenómeno, destacando datos de estudios científicos, así como las principales limitaciones de dichas investigaciones.

Índice de Contenidos
ToggleBreve introducción al colesterol
👉 Los niveles elevados de colesterol se suelen vincular con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
Sin embargo, las personas físicamente activas —en especial los atletas de alto rendimiento— suelen presentar perfiles lipídicos más favorables, con concentraciones más bajas de lipoproteínas de baja densidad (LDL) y concentraciones más altas de lipoproteínas de alta densidad (HDL).
👁️ Aun así, se han observado casos en los que individuos que entrenan con frecuencia y llevan una dieta aparentemente equilibrada presentan niveles elevados de colesterol total o incluso de LDL (Williams, 1997).
Factores genéticos
👉 La predisposición genética es uno de los factores más relevantes para explicar por qué algunos deportistas presentan hipercolesterolemia (colesterol alto).
En particular, la hipercolesterolemia familiar (HF), que es un trastorno hereditario caracterizado por alteraciones en el receptor de LDL, lo que dificulta la eliminación adecuada de estas lipoproteínas de la circulación sanguínea.
Las personas con HF pueden exhibir concentraciones muy elevadas de LDL, sin importar lo saludables que sean sus hábitos de alimentación o ejercicio. Además, también hay que tener en cuenta lo siguiente:
- Variabilidad en la respuesta individual: Aunque el ejercicio regular tiende a mejorar el perfil lipídico, la respuesta puede variar por polimorfismos en genes relacionados con el metabolismo de las lipoproteínas (Durstine et al., 2002).
- Diagnósticos tardíos: Muchos atletas desconocen su condición genética hasta que un análisis sanguíneo revela niveles altos de colesterol. A pesar de un entrenamiento exhaustivo, el colesterol total o las LDL pueden aparecer elevados de forma sostenida (Mabuchi et al., 2014).

Tipo de dieta y consumo de macronutrientes
Aunque el ejercicio ayuda a regular el metabolismo de las grasas y mejora la sensibilidad a la insulina, ciertos patrones dietéticos en el deporte de alto rendimiento pueden favorecer la elevación del colesterol, como por ejemplo:
Dietas ricas en grasas saturadas
👉 Algunos deportistas, especialmente quienes requieren alto consumo calórico (fuerza, ultrarresistencia), pueden ingerir más grasas saturadas para cubrir sus necesidades energéticas. Esto puede aumentar el colesterol LDL.
Dietas cetogénicas o bajas en carbohidratos
👉 El uso de dietas cetogénicas ha crecido en los últimos años para mejorar la composición corporal o la resistencia en deportes de fondo. Si bien pueden favorecer la oxidación de grasas y la pérdida de peso, en ciertos individuos pueden alterar los marcadores lipídicos (Joo et al., 2023).

Se observan aumentos significativos en colesterol total, LDL-C, ApoB, HDL-C y ApoA. Los triglicéridos no mostraron cambios significativos. Las barras de error indican los intervalos de confianza del 95 %. Esta gráfica resalta cómo estas dietas pueden alterar el perfil lipídico incluso en personas con peso normal
Exceso de proteínas de origen animal
👉 Para promover la recuperación y la ganancia de masa muscular, muchos atletas consumen grandes cantidades de proteínas, a menudo de origen animal (carnes rojas con alto contenido graso). Esto puede elevar las concentraciones de LDL en sangre.
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Respuesta metabólica y hormonal al ejercicio
El ejercicio ejerce múltiples efectos favorables sobre el perfil lipídico, como elevar el HDL y reducir triglicéridos (Plaisance & Grandjean, 2006). Sin embargo, no todas las modalidades deportivas tienen el mismo impacto.

Se observa que a mayor nivel de actividad física, disminuyen los niveles de LDL, triglicéridos y hs-CRP*, mientras que el HDL tiende a aumentar. La línea gris discontinua representa el valor límite considerado normal para hs-CRP (<3 mg/L), marcador de inflamación sistémica. Esto sugiere un efecto antiinflamatorio del ejercicio regular.
*hs-CRP (proteína C-reactiva de alta sensibilidad): marcador de inflamación en el cuerpo. La versión "de alta sensibilidad" (hs-CRP) permite detectar niveles muy bajos de inflamación, incluso cuando una persona se siente completamente sana. Por eso, se usa como un indicador precoz de riesgo cardiovascular.
Ejercicio de resistencia vs. ejercicio de fuerza
Los atletas de resistencia (maratonistas, ciclistas) suelen presentar mejorías notables en su perfil lipídico (mayor HDL, menor LDL) (Williams, 1997).
En cambio, los atletas de fuerza (levantamiento de pesas, halterofilia) pueden mostrar perfiles más heterogéneos. Algunos mantienen niveles saludables de lípidos, mientras que otros exhiben valores de colesterol total y LDL más elevados, posiblemente por dietas altas en grasas y proteínas y por una alta ingesta calórica.
Estrés y cortisol
El sobreentrenamiento y el estrés crónico alteran la secreción de cortisol. Altos niveles de cortisol se han asociado con desajustes en el metabolismo lipídico, aumentando el colesterol total o el LDL. Pese a ello, los datos en deportistas de élite son aún limitados.
Cambios temporales postejercicio
Tras entrenamientos intensos se producen fluctuaciones hormonales y metabólicas que pueden alterar momentáneamente los niveles de colesterol. En la mayoría de los casos, se trata de un efecto transitorio.
Posibles implicaciones clínicas
Aunque un colesterol total elevado no siempre conlleva un riesgo cardiovascular inminente —sobre todo si las concentraciones de HDL son altas y las LDL están en rangos “aceptables”—, los deportistas con colesterol alto deben recibir seguimiento médico regular:
- Control de la composición de lipoproteínas: Además del colesterol total, hay que valorar la proporción LDL y HDL. Un nivel elevado de HDL puede contrarrestar parcialmente los efectos nocivos de las LDL.
- Evaluación de otros marcadores de riesgo: Además de triglicéridos y glucemia, se deben revisar marcadores de inflamación como la proteína C reactiva. Esto aporta una perspectiva más amplia del riesgo cardiovascular.
- Recomendaciones individualizadas: Ajustar la dieta (preferir grasas insaturadas frente a saturadas), la rutina de entrenamiento o, en casos particulares, emplear fármacos hipolipemiantes. La decisión depende de la magnitud del riesgo y de las características individuales.

Anexo. Evaluación de marcadores de riesgo: ApoB y Lp(a)
Además de las fracciones principales (LDL, HDL, triglicéridos) y el colesterol total, existen marcadores adicionales de riesgo:
Apolipoproteína B (ApoB)
👉 La ApoB es la proteína principal de las lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL) y de las LDL, que transportan el colesterol “malo”. Cada partícula de LDL contiene una molécula de ApoB; por ende, medir ApoB brinda una estimación más precisa del número total de partículas aterogénicas (Grundy et al., 2019). Además, algunos estudios muestran que la ApoB correlaciona mejor con el riesgo cardiovascular que la mera cuantificación de LDL, especialmente cuando hay discrepancias entre distintos marcadores (Mach et al., 2020).

Lipoproteína(a) [Lp(a)]
👉 La Lp(a) es similar a la LDL, pero posee una proteína adicional llamada apo(a). Se ha identificado como factor de riesgo independiente para la aterosclerosis y la enfermedad cardiovascular (Tsimikas, 2017).
Sus niveles tienen un componente genético significativo y, a diferencia de otros lípidos, el ejercicio o la dieta no suelen reducirla de manera considerable. En personas con antecedentes familiares de hipercolesterolemia o cardiopatías tempranas, es aconsejable medir la Lp(a) para afinar el perfil de riesgo (Mach et al., 2020).
✅ Tanto ApoB como Lp(a) pueden ser muy útiles para evaluar el riesgo en deportistas con colesterol alto, ya que aportan información más profunda que el simple recuento de LDL y HDL.

Un nivel elevado de Lp(a) multiplica por 4 el riesgo de infarto y casi por 2 el de ictus. (SEA, 2022)
🧐 Análisis crítico de los estudios
La investigación sobre el colesterol alto en deportistas y su relación con factores genéticos, dietéticos y de entrenamiento presenta varias limitaciones:
- Muestras reducidas o sesgadas: Muchos estudios se realizan con grupos pequeños o no representativos de la amplia diversidad de atletas.
- Diseños transversales: Una parte importante de la literatura disponible se basa en estudios de corte transversal, lo cual impide establecer relaciones causales.
- Falta de control de variables dietéticas y genéticas: No siempre se controlan adecuadamente factores como la hipercolesterolemia familiar o ciertas dietas específicas.
- Diferencias en la definición de “deportista” o “atleta”: Existe gran variabilidad en la intensidad, frecuencia y tipo de entrenamiento, complicando la comparación de resultados entre distintos estudios
Debido a estas limitaciones, se requiere cautela al interpretar los hallazgos y se demandan estudios longitudinales con poblaciones más amplias y un mejor control de variables.
Conclusiones
Como hemos visto, el colesterol alto en deportistas puede ser consecuencia de factores genéticos (hipercolesterolemia familiar), patrones dietéticos (altas ingestas de grasas saturadas o dietas cetogénicas) y adaptaciones o respuestas fisiológicas que difieren según el tipo de entrenamiento.
Además, es esencial evaluar no sólo el colesterol total o las LDL, sino también la ApoB y la Lp(a) para estimar de manera más precisa el riesgo cardiovascular. En casos con niveles elevados, se recomienda un seguimiento periódico y posibles ajustes dietéticos, de entrenamiento o de tratamiento farmacológico si fuera preciso.
Por tanto, aunque el deporte mejora generalmente el perfil lipídico, pueden darse excepciones, por lo que es importante un abordaje individualizado, especialmente en atletas de élite o con predisposición genética.
El control médico individualizado, es fundamental para identificar los riesgos reales y pautar intervenciones adecuadas.
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