Vitamina C: para qué sirve y cuánta necesitas al día

Publicado: 31 de julio de 2025
Modificado: 5 de agosto de 2026

La vitamina C es un nutriente esencial que tu cuerpo no fabrica y necesita a diario. Sirve sobre todo para fabricar colágeno, proteger las células y ayudar a absorber el hierro de los vegetales. Con 75 a 90 mg al día, que caben en una naranja y un pimiento, tienes de sobra.

Como dietista, la duda que más me llega no es si la vitamina C es importante, sino si conviene tomar suplementos de gramos para no resfriarse. Aquí tienes para qué sirve de verdad, cuánta necesitas y cuándo un suplemento aporta algo.

Puntos clave:
  • La vitamina C es imprescindible para producir colágeno, actúa como antioxidante y mejora la absorción del hierro no hemo (el de las legumbres y verduras).
  • La cantidad recomendada para adultos es 90 mg al día en hombres y 75 mg en mujeres; quien fuma necesita 35 mg más (NIH Office of Dietary Supplements).
  • Tomarla a diario no evita resfriarse en población general (riesgo relativo 0,97), aunque sí acorta el resfriado un 8 % en adultos y un 14 % en niños (Hemilä y Chalker, 2013).
  • Con una alimentación con fruta y verdura es muy difícil quedarse corto. El suplemento tiene sentido en casos concretos, no como rutina para todos.

ⓘ Sobre este contenido

Este artículo tiene fines informativos y base científica. No sustituye una pauta individualizada; si tienes una condición de salud o tomas medicación, consulta con un profesional antes de suplementarte.

Para qué sirve la vitamina C en el cuerpo

La vitamina C, o ácido ascórbico, es un nutriente hidrosoluble que participa en varias reacciones que el cuerpo no puede resolver sin ella. Es esencial en sentido literal: a diferencia de casi todos los animales, los humanos no la sintetizamos, así que depende por completo de lo que comes. Estas son sus funciones principales, con el porqué de cada una.

Fabricar colágeno y mantener los tejidos

La función más antigua conocida de la vitamina C es servir de cofactor para las enzimas que fabrican colágeno, la proteína estructural de la piel, los vasos sanguíneos, las encías, los huesos y los tendones. Sin vitamina C, esas enzimas no pueden estabilizar la molécula de colágeno y el tejido se vuelve frágil.

Ese es el mecanismo exacto que hay detrás del escorbuto, la enfermedad por déficit grave: encías que sangran, mala cicatrización de las heridas y debilidad, precisamente porque el colágeno deja de renovarse bien. Es también la razón por la que la vitamina C aparece siempre en el contexto de la recuperación de tejidos y por la que un déficit se nota primero en las zonas de mucho recambio, como las encías y la piel.

Antioxidante y ayuda a absorber el hierro

La vitamina C es uno de los antioxidantes que el cuerpo usa para neutralizar radicales libres, moléculas inestables que se generan con el metabolismo normal y aún más con el ejercicio intenso o el tabaco. Al ceder electrones, protege a otras moléculas de oxidarse y ella se regenera después.

Su segundo papel práctico es menos conocido y muy útil para quien come poca carne: la vitamina C convierte el hierro de origen vegetal a una forma que el intestino absorbe mucho mejor. Por eso acompañar las lentejas o las espinacas con algo rico en vitamina C, un pimiento o un chorro de limón, aumenta el hierro que aprovechas de esa comida.

También contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario, aunque esa función es la que más malentendidos genera, como veremos.

Cuánta vitamina C necesitas al día

Para un adulto sano, la cantidad diaria recomendada es de 90 mg en hombres y 75 mg en mujeres, según la referencia del NIH Office of Dietary Supplements. Son cifras pequeñas, pero conviene entender de dónde salen y por qué pasarse no aporta más.

Las cantidades de referencia y el fumador

Esa recomendación de 75 a 90 mg no es arbitraria: se fijó como la cantidad que mantiene casi saturadas las células inmunitarias sin que sobre ascorbato para eliminar por la orina. Es decir, es la dosis a la que el cuerpo ya tiene lo que puede aprovechar.

Hay un caso con necesidad mayor bien documentado: quien fuma necesita 35 mg adicionales al día, porque el tabaco aumenta el estrés oxidativo y consume vitamina C más rápido. Eso deja el objetivo en 125 mg para el hombre fumador y 110 mg para la mujer fumadora. El embarazo y la lactancia también suben algo el requerimiento.

Para el resto, esos 75 a 90 mg se cubren con facilidad comiendo fruta y verdura a lo largo del día, sin necesidad de contar miligramos.

Por qué más no es mejor

El cuerpo tiene un tope para la vitamina C, y ese detalle cambia cómo hay que mirar las megadosis. La absorción intestinal se satura: a dosis bajas absorbes casi todo, pero a partir de aproximadamente un gramo de golpe el porcentaje que aprovechas cae y el exceso se elimina por la orina. Por eso una pastilla de 1.000 mg no multiplica por diez lo que hace una naranja; buena parte acaba en el váter.

El límite superior de seguridad para adultos está en 2.000 mg al día, y superarlo con suplementos suele traducirse en molestias digestivas y diarrea, además de aumentar el riesgo de cálculos renales en personas predispuestas. La conclusión práctica es cómoda: por encima del requerimiento, más vitamina C no hace más, solo se desperdicia y a dosis muy altas puede molestar.

La vitamina C y el resfriado: qué dice la evidencia

Tomar vitamina C todos los días no evita que te resfríes si eres una persona sana normal, aunque sí puede acortar un poco el catarro cuando llega. Es el punto donde la creencia popular y la evidencia más se separan, así que conviene mirar los números. La revisión de referencia es una Cochrane que reunió 29 comparaciones y más de 11.000 participantes para la parte de prevención.

En población general, tomar vitamina C de forma regular dio un riesgo relativo de resfriarse de 0,97 (intervalo de confianza del 95 %: 0,94 a 1,00), es decir, prácticamente ningún efecto sobre la probabilidad de coger un catarro (Hemilä y Chalker, 2013).

Donde sí apareció un efecto claro fue en un grupo muy concreto: maratonianos, esquiadores y soldados sometidos a esfuerzos extremos en frío, donde la suplementación regular casi redujo a la mitad la incidencia de resfriados (riesgo relativo 0,48). Sobre la duración, la misma revisión encontró que tomarla a diario acorta el resfriado un 8 % en adultos y un 14 % en niños, con reducciones mayores en niños a dosis de 1 a 2 gramos.

En cambio, empezar a tomarla cuando ya notas los primeros síntomas no mostró un efecto consistente. La lectura honesta es que la vitamina C no es un escudo contra los catarros para la mayoría, pero tomarla de base puede hacerlos algo más cortos, y ese matiz es distinto de "sube las defensas y no te pones malo".

De dónde sacarla: alimentos frente a suplementos

La forma más fácil y barata de cubrir la vitamina C es la comida, y las mejores fuentes no son las que la fama sugiere. El pimiento rojo crudo es de los alimentos más ricos, por encima de la naranja; le siguen el kiwi, las fresas, el brócoli, las coles y, por supuesto, los cítricos.

Gráfico de barras con el contenido de vitamina C por ración en pimiento rojo, kiwi, naranja, brócoli y fresas
Vitamina C: para qué sirve y cuánta necesitas al día 3

Una sola pieza de fruta o una ración de estas verduras ya cubre buena parte del día, y comer varias raciones asegura el objetivo con margen. Un detalle práctico: la vitamina C es sensible al calor y al agua, así que las verduras muy cocidas o hervidas en mucha agua pierden parte; al vapor, salteadas o crudas conservan más.

En el mercado español encuentras estas fuentes durante todo el año y salen mucho más baratas que cualquier suplemento. Si te interesa exprimir el aporte de la fruta, tienes más contexto en nuestro artículo sobre el zumo de naranja, donde explicamos por qué la pieza entera suele ganar al zumo.

Frente a esto, los suplementos de 500 o 1.000 mg no aportan nada extra a quien ya come fruta y verdura, más allá de la falsa tranquilidad de la cifra grande en la etiqueta.

Cuándo tiene sentido suplementarse

Un suplemento de vitamina C se justifica en situaciones concretas, no como rutina para toda la población. El caso más claro es una dieta pobre en fruta y verdura de forma sostenida, algo frecuente en personas mayores que comen poco variado o en quien atraviesa una etapa de mala alimentación; ahí un suplemento modesto cubre el hueco mientras se corrige la comida.

También encaja en quien fuma y no logra subir la ingesta con alimentos, por ese requerimiento extra de 35 mg. Y tiene respaldo en deportistas sometidos a esfuerzos extremos y prolongados en frío, el perfil donde la evidencia mostró menos resfriados. Fuera de estos casos, la mayoría de la gente que se suplementa no lo necesita: ya llega al objetivo con la dieta y el exceso se elimina.

Si te planteas cuidar la alimentación con criterio en lugar de acumular botes, esa es justo la clase de decisión que se aprende a tomar en una formación en nutrición seria, mirando el conjunto de la dieta y no un nutriente aislado. La vitamina C es importante, pero rara vez es lo que falta.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor tomar la vitamina C en ayunas?

No hay una ventaja relevante en tomarla en ayunas. La vitamina C se absorbe bien con o sin comida, y de hecho tomarla junto a una comida con hierro vegetal es útil porque mejora la absorción de ese hierro. Si un suplemento en ayunas te da acidez, tómalo con algo de comida sin problema.

¿La vitamina C puede provocar cálculos renales o diarrea?

A dosis altas de suplemento, sí puede molestar. Superar los 2.000 mg diarios se asocia con molestias digestivas y diarrea, y en personas con predisposición a las piedras de oxalato puede aumentar ese riesgo. Con la vitamina C de los alimentos no ocurre; el problema surge solo con megadosis en pastilla.

¿Se destruye la vitamina C al cocinar?

Se pierde una parte, no toda. Al ser sensible al calor y soluble en agua, hervir mucho las verduras arrastra vitamina C al agua de cocción. Cocinar al vapor, saltear brevemente o consumir crudo conserva bastante más, y por eso conviene tener también fuentes que se comen crudas, como el pimiento, el kiwi o los cítricos.

¿Tomar vitamina C sube las defensas para no enfermar?

Contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario, pero "funcionamiento normal" no es lo mismo que un refuerzo extra. Tener suficiente vitamina C es necesario; tomar de más por encima de tus necesidades no añade una protección adicional en una persona bien nutrida.

Más pieza de fruta y menos bote

La vitamina C es un buen ejemplo de cómo el marketing convierte un nutriente sencillo en un producto. Es esencial, sí, pero el cuerpo tiene un tope de lo que puede usar y ese tope se llena con una alimentación normal. Lo interesante no es cuánta puedes tragar en pastilla, sino que casi cualquier plato con color vegetal ya te la da.

Cuando alguien invierte tiempo y dinero en un frasco de gramos para "no ponerse malo", suele estar resolviendo un problema que no tiene, mientras deja sin tocar el que sí importa: cuántas raciones de fruta y verdura entran de verdad en su semana. Ese es el número que mueve la aguja, y encima no lleva etiqueta ni caduca en el armario.

  1. Hemilä H, Chalker E. Vitamin C for preventing and treating the common cold. Cochrane Database Syst Rev. 2013;2013(1):CD000980. https://doi.org/10.1002/14651858.CD000980.pub4
  2. National Institutes of Health, Office of Dietary Supplements. Vitamin C — Fact Sheet for Health Professionals. https://ods.od.nih.gov/factsheets/VitaminC-HealthProfessional/
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