¿Las bebidas carbonatadas son malas? Esto dice la ciencia

Las bebidas carbonatadas, también llamadas bebidas gaseosas o refrescos, es el nombre de cualquier bebida que contenga agua carbonatada, azúcar agregada u otro edulcorante como jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, así como saborizantes naturales o artificiales.

A pesar de su popularidad, es bien sabido que los refrescos no son buenos para la salud, ya que están relacionados con la obesidad, la mala salud dental y diversas enfermedades crónicas.

Incluso sabiendo esto, muchas personas que beben refrescos con regularidad y quieren reducir su consumo tienen dificultades para hacerlo.

En este artículo veremos qué dice la ciencia al respecto.

Bebidas gaseosas
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Imagen 1: Imagen recogida de la web cuidarteoral.com

¿Qué son las bebidas gaseosas?

La mezcla de agua filtrada, dióxido de carbono, edulcorantes y acidulantes da lugar a los refrescos. Su inicio y desarrollo se dio en la industria farmacéutica, ya que eran utilizados como tónicos para aliviar el dolor de cabeza y la indigestión.

Sin embargo, cada día se descubren más efectos perjudiciales de los refrescos azucarados para el ser humano, sobre todo para los niños.

Estos son algunos de los síntomas que sobrevienen si consumes demasiadas bebidas gaseosas:

Síntomas del consumo excesivo de bebidas gaseosas

Estos son algunos de los más habituales:

  • Dolor de cabeza
  • Temblores
  • Arritmia cardíaca
  • Ansiedad
  • Problemas para dormir o insomnio
  • Depresión
  • Náuseas y vómitos
  • Micción frecuente
  • Disminución de la densidad de la masa ósea (por baja absorción de calcio)
  • Reducción del apetito

¿Cómo afectan las bebidas gaseosas a la salud?

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Impacto en el sistema nervioso

Muchas de estas bebidas contienen una alta concentración de cafeína. La cafeína es una sustancia con efectos estimulantes sobre el sistema nervioso autónomo y el corazón, lo cual estimula el estado de vigilia y la resistencia al cansancio.

Sin embargo, el consumo excesivo de cafeína puede provocar dependencia, dolor de cabeza, arritmia cardíaca, insomnio y ansiedad.

Aumentan el reflujo durante la digestión

Al contrario de lo que se pensaba, los refrescos pueden tener un efecto negativo en el proceso digestivo. El CO2 presente en estas bebidas aumenta la acidificación de los jugos gástricos y acelera la digestión.

Al mismo tiempo, provoca reflujo gastroesofágico, acidez y problemas de absorción, lo cual puede afectar a las personas que padecen de gastritis y úlceras estomacales.

Pueden causar caries

También se ha indicado que el CO2 y el azúcar que contienen afectan la boca y dientes, ya que alteran las percepciones del gusto, corroen el esmalte dental y pueden causar la aparición de caries.

Provoca sobrepeso

Un exceso en el consumo de estas bebidas provoca aumentos en los niveles de azúcar en sangre, inflamación del páncreas y diabetes.

Además, los carbohidratos que no se convierten en energía se acumulan en forma de grasas en tejidos y arterias, lo que puede provocar sobrepeso y arterioesclerosis.

Pérdida de masa ósea

Los ácidos y la cafeína presentes en estas bebidas también son dañinos para el esqueleto, ya que interfieren en la absorción de calcio en los huesos, lo que provoca la pérdida de masa ósea, los debilita y favorece la aparición de osteoporosis.

Por otra parte, la combinación de azúcar y ácido dificulta la absorción de hierro.

Conclusión del artículo

Si bien el consumo de este tipo de bebidas, ya sea en su versión azucarada o edulcorada, ingeridas de forma ocasional, no presentan riesgos para la salud.

Su exceso, sobre todo el de las versiones azucaradas, sí que son perjudiciales para una buena lista de problemas de salud.

-- Mi recomendación como dietista es usar agua carbonatada, añadirle frutas para aportar aroma y sabor, o el consumo puntual de bebidas edulcoradas hasta que la ciencia dictamine lo contrario.

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  3. Vartanian, L. R., Schwartz, M. B., & Brownell, K. D. (2007). Effects of soft drink consumption on nutrition and health: a systematic review and meta-analysis. American journal of public health, 97(4), 667–675. https://doi.org/10.2105/AJPH.2005.083782
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