Los ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA) son nutrientes esenciales con efectos reconocidos sobre la salud cardiovascular, la inflamación y otras funciones corporales. Habitualmente se consumen en forma de pescado azul o de suplementos de aceite de pescado, pero en la última década el aceite extraído del krill antártico se ha popularizado como alternativa.
En este artículo se resume lo que sabemos hoy, exclusivamente a partir de ensayos clínicos y revisiones sistemáticas, comparamos biodisponibilidad y beneficios, qué limitaciones existen en la evidencia, y para finalizar, unas recomendaciones prácticas.

Índice de Contenidos
Toggle🤔 ¿Qué son y en qué se diferencian?
- Origen y forma química. El aceite de pescado contiene EPA y DHA principalmente como triglicéridos; en el krill (Euphausia superba) se encuentran en fosfolípidos junto con astaxantina, un antioxidante natural. Esta diferencia estructural se ha relacionado con una absorción potencialmente mayor del krill y con una proporción EPA:DHA cercana a 2:1 (en el pescado suele ser 1:1).
- Sostenibilidad y precio. Aunque la biomasa de krill es abundante, su recolección está regulada y el proceso de extracción encarece el producto. Los aceites de pescado, en cambio, provienen de la pesca industrial de especies como sardina o anchoa, con un coste menor pero una huella ambiental mayor

Composición del aceite de krill
👨⚕️ Evidencia clínica en humanos
Biodisponibilidad y cambios en EPA/DHA sanguíneos
🔎 Dos ensayos cruzados con adultos sanos (Schuchardt et al., 2011; Ramprasath et al., 2013) observaron que dosis equivalentes de EPA + DHA del aceite de krill incrementaron el índice omega 3 en glóbulos rojos algo más que el aceite de pescado (7 %–14 % de ventaja relativa), aunque las concentraciones absolutas alcanzadas fueron similares cuando las dosis se igualaron estrictamente.
Resultados más recientes muestran que un aceite de pescado “enriquecido en fosfolípidos” alcanza perfiles plasmáticos de EPA/DHA prácticamente calcados al krill a las 24 h, lo que apunta a que la matriz fosfolipídica —y no el origen marino— explicaría la mejor absorción.

Mayor incorporación de EPA + DHA tras suplementación con aceite de krill frente a aceite de pescado en dos ensayos cruzados con adultos sanos

Ventaja relativa del aceite de krill (7 % – 14 %) sobre el de pescado para aumentar el índice Omega 3 eritrocitario cuando las dosis de EPA + DHA son equivalentes
Perfil lipídico y riesgo cardiovascular
🔎 En un metaanálisis de Kim et al., (2020) no se hallaron diferencias significativas entre krill y pescado para colesterol total, LDL-c o triglicéridos una vez ajustada la dosis de omega-3; la reducción de TG dependió de la cantidad ingerida y no de la fuente.
Por su parte, es esta revisión de Huang, et al., (2023) el krill redujo triglicéridos (-13 mg/dL), LDL-c (-5 mg/dL) y colesterol total (-10 mg/dL) frente a placebo, pero la superioridad frente a aceite de pescado fue mínima y estadísticamente no concluyente.
Por último, este ensayo clínico de Mozaffarian et al., (2022) un preparado de krill purificado en fosfolípidos y ácidos grasos libres (4 g/día) bajó los triglicéridos 26 % en 12 semanas (placebo 15 %) sin elevar LDL-c. Tanto el beneficio como la seguridad se mantuvieron a los seis meses.

Reducción de triglicéridos en sangre observada en metaanálisis, revisión sistemática y ensayo TRILOGY; el efecto del krill se intensifica en hipertrigliceridemia severa
🔎 Otros resultados clínicos
En personas con diabetes tipo 2, cuatro semanas de krill mejoraron modestamente la función endotelial y la resistencia a la insulina frente a aceite de oliva; el efecto sobre lípidos fue discreto. (Lobraico et al., 2015).
Estudios piloto apuntan a posibles beneficios sobre síntomas de depresión, fatiga y dolor articular, pero la mayoría usa muestras pequeñas y carece de brazo comparador con aceite de pescado, por lo que la evidencia sigue siendo preliminar.
🔎👨⚕️ Análisis crítico de los estudios
La mayor parte de los ensayos es de corta duración (4–12 semanas), con muestras menores de 100 participantes y, con frecuencia, financiación industrial.
➡️ Las dosis y formas químicas de EPA/DHA difieren entre estudios, complicando la comparación directa. Muchos trabajos miden marcadores intermedios (triglicéridos, índice omega-3) en lugar de eventos clínicos duros, y la heterogeneidad estadística en metaanálisis sigue siendo alta.
Así, aunque los resultados a corto plazo son prometedores, no se puede afirmar que el aceite de krill ofrezca beneficios superiores clínicamente relevantes sobre el aceite de pescado en prevención de infarto o mortalidad.
📝 ¿Cuál escoger? Guía práctica
- Objetivo terapéutico. Para bajar triglicéridos ≥ 500 mg/dL, las guías recomiendan 2–4 g/día de EPA + DHA. Ambas fuentes funcionan; el krill en fosfolípidos puede ser útil si se tolera mal el aceite de pescado (reflujo, sabor).
- Dosis y calidad. Asegúrate que el suplemento indique miligramos de EPA y DHA, no solo de “aceite de krill/pescado”, y que cuente con certificación de pureza (GOED, IFOS).
- Precio y disponibilidad. El krill cuesta en torno al doble por mg de EPA/DHA; si el presupuesto es limitado, un concentrado de aceite de pescado puede ser mejor opción.
- Alergias y dieta. Personas alérgicas a crustáceos deben evitar el krill. Para vegetarianos existen microalgas como alternativa.
- Sostenibilidad. Si te preocupa la huella ecológica, busca sellos MSC-Certified en ambos tipos de aceite.
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Conclusiones
La forma fosfolipídica del krill puede mejorar la absorción, pero en dosis equivalentes los niveles sanguíneos finales y los efectos sobre lípidos no difieren clínicamente del aceite de pescado.
Los metaanálisis más robustos coinciden en que la fuente es menos importante que la cantidad total de EPA + DHA ingerida.
El aceite de krill aporta astaxantina y puede causar menos regurgitación, pero su mayor precio y menor evidencia a largo plazo son desventajas.
Por otro lado, para la mayoría de adultos sanos o con dislipemia moderada, un suplemento concentrado de aceite de pescado fiable o, mejor aún, dos raciones semanales de pescado azul siguen siendo la opción más respaldada.
Por último, el krill puede considerarse en situaciones de intolerancia, preferencia personal o cuando sea deseable una presentación rica en fosfolípidos, siempre que el coste no sea un impedimento.






