¿Qué tan peligrosa es una cerveza? La verdad de su consumo

Publicado: 1 de marzo de 2026
Modificado: 30 de marzo de 2026

🍺 Es la imagen por excelencia de la recompensa social y el relax: una cerveza bien fría con los compañeros de gimnasio después de un entrenamiento intenso, o una copa de vino tinto con la cena bajo la premisa casi medicinal de "cuidar el corazón".

🍷 El alcohol está tan profundamente integrado en nuestra cultura, en nuestras celebraciones y en nuestros rituales de desconexión que cuestionar su seguridad parece casi una herejía, un acto de puritanismo o de ser un "aguafiestas".

📰 Incluso hemos crecido leyendo titulares patrocinados que aseguraban que la cerveza hidrata igual que el agua (falso, es diurética) o que el resveratrol del vino es el secreto de la longevidad de las zonas azules. Sin embargo, la ciencia moderna, cuando se libera de los conflictos de interés y utiliza herramientas estadísticas avanzadas, ha dado un giro de 180 grados en la última década.

📉 La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido tajante y contundente en su última revisión: "No hay nivel de consumo de alcohol que sea seguro para la salud". No hay un umbral de seguridad. La primera gota ya tiene un coste biológico que tu cuerpo debe pagar.

➡️ En este artículo no voy a darte un sermón moralista ni a decirte qué hacer con tu vida social. Mi objetivo es explicarte, con la precisión de un bioquímico, qué ocurre exactamente dentro de tus células desde el momento en que entra el etanol. Vamos a analizar por qué esa "copita diaria" no es el escudo protector que pensabas, cómo el alcohol sabotea silenciosamente tus vías de señalización anabólica (mTOR) tirando por tierra tu entrenamiento, qué impacto tiene en tu barrera intestinal ("Leaky Gut") y qué implica realmente para tu ADN a largo plazo.

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El gran engaño estadístico: la "Curva en J" y el Sesgo del Abstemio Enfermo

📊 Durante décadas, la narrativa médica oficial y las recomendaciones de salud pública se basaron en dos pilares que, vistos con la lupa de la epidemiología moderna, resultaron ser de barro: la famosa "paradoja francesa" y la curva en J.

A finales de los 80, los epidemiólogos observaron algo desconcertante: en Francia, a pesar de una dieta rica en grasas saturadas (quesos, mantequilla, pato, foie), la tasa de infartos era significativamente menor que en EE.UU. o Reino Unido. La explicación fácil, romántica y culturalmente aceptable fue el vino tinto. Esto, sumado a estudios observacionales de los 90, dibujó una gráfica en forma de "J": la gente que bebía "un poco" (consumo moderado) parecía tener una mortalidad menor que los que no bebían nada (abstemios) y mucho menor que los que bebían en exceso.

🍷 Esto cimentó la idea de que el alcohol en dosis bajas tenía un efecto hormético, protector, casi medicinal. Pero cuando la ciencia moderna (con mejor metodología, muestras más grandes y, crucialmente, sin financiación de la industria alcoholera) revisó esos datos, encontró un error metodológico sistémico conocido como el "Sesgo del Abstemio Enfermo" (Sick Quitter Bias).

🕵️‍♂️ ¿Qué pasaba realmente en esos estudios? El grupo de control, los "abstemios", no era un grupo homogéneo de personas sanas que elegían no beber por convicción o salud. Estaba "contaminado" por:

  1. Exalcohólicos: personas que habían dejado de beber porque ya habían destrozado su salud.
  2. Enfermos crónicos: personas con medicación (corazón, diabetes, hígado) incompatible con el alcohol.
  3. Personas mayores frágiles: gente que dejaba de beber por deterioro de salud general.

Al comparar a este grupo de "no bebedores enfermos" con los "bebedores moderados" (que suelen ser personas activas, socializadas y con un nivel socioeconómico medio-alto, lo cual per se protege la salud), el alcohol parecía el factor protector. Pero no era el alcohol; era que los bebedores moderados estaban más sanos de base y tenían mejor acceso a la sanidad y alimentación. El alcohol era solo un marcador de estatus social, no la causa de su longevidad.

📚 Un metaanálisis masivo y definitivo publicado en JAMA Network Open en 2023, liderado por Zhao y su equipo, revisó 107 estudios con casi 5 millones de participantes. Aplicaron filtros estadísticos para eliminar a los "abstemios enfermos" de la ecuación. ¿El resultado? El supuesto beneficio del consumo moderado desapareció por completo. La curva se aplanó: el riesgo de mortalidad es mínimo a cero alcohol y empieza a subir linealmente desde la primera copa (imagen 1). No hay valle protector; solo hay una pendiente de riesgo (Zhao et al., 2023).

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- Imagen 1. Riesgo relativo (RR) de mortalidad por todas las causas debido al consumo de alcohol en bajo volumen (1,3-24,0 g de etanol por día) con y sin ajuste por posibles factores de confusión de cada covariable o conjunto de covariables.

Bioquímica del etanol I: la pausa metabólica y el ratio NADH/NAD+

🧪 Para entender por qué el alcohol es un "freno de mano" absoluto para tu composición corporal y tu metabolismo, tenemos que bajar al nivel celular y ver cómo lo procesa el hígado. El cuerpo humano no tiene capacidad para almacenar alcohol (a diferencia de la grasa, que se guarda en adipocitos, o el glucógeno, en músculos e hígado); lo detecta como una toxina prioritaria y detiene todo lo demás para eliminarlo.

El metabolismo "estándar" (cuando bebes cantidades bajas o moderadas) sigue dos pasos enzimáticos principales en el citosol y la mitocondria del hepatocito:

  1. Etanol ➡️ Acetaldehído: la enzima Alcohol Deshidrogenasa (ADH) convierte el etanol en acetaldehído. Este paso consume NAD+ (nicotinamida adenina dinucleótido) y genera NADH.
  2. Acetaldehído ➡️ Acetato: la enzima Aldehído Deshidrogenasa (ALDH) convierte el tóxico acetaldehído en acetato (que luego puede ser usado como energía o excretado). Este paso también consume NAD+ y genera más NADH.
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- Imagen 2. Metabolismo hepático del etanol. ADH: Alcohol deshidrogenasa. ADLH: Aldehído deshidrogenasa. CYP2E1: citocromo P450-2E1.

⚠️ El problema del NADH (la pausa metabólica): este proceso inunda tus células hepáticas de NADH, alterando drásticamente el ratio redox celular (NAD+/NADH). Este exceso de NADH actúa como una señal potente de "exceso de energía" que le dice a la célula: "¡Parad las máquinas, tenemos demasiados electrones!". Las consecuencias son inmediatas:

  • Bloqueo de la Beta-Oxidación: el cuerpo deja de quemar grasa inmediatamente. No puede oxidar ácidos grasos porque el hígado está saturado de NADH y prioriza usar el acetato del alcohol como combustible.
  • Bloqueo del Ciclo de Krebs: el ciclo de producción de energía normal se ralentiza.
  • Lipogénesis de Novo: el ambiente metabólico se vuelve propicio para la síntesis de nuevos triglicéridos, que se acumulan en el hígado (esteatosis hepática alcohólica) o se exportan a la sangre (VLDL), contribuyendo a la dislipidemia.

Mientras haya alcohol en tu sangre, tu quema de grasa es prácticamente cero. No es que el alcohol "se convierta en grasa" directamente (que es un proceso ineficiente), es que impide físicamente que quemes la grasa que ya tienes o la que has comido en esa cena.

Bioquímica del etanol II: el sistema MEOS y el estrés oxidativo

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🔥 ¿Qué pasa cuando bebes más de una o dos copas, o cuando bebes de forma crónica? La vía de la ADH se satura. El hígado necesita ayuda y activa un sistema de emergencia que normalmente está inactivo: el Sistema Oxidativo Microsomal del Etanol (MEOS), mediado principalmente por la enzima CYP2E1 (perteneciente al citocromo P450).

Este sistema es eficaz para eliminar alcohol cuando hay mucho, pero tiene un precio biológico altísimo que explica por qué el alcohol es tan dañino a nivel tisular:

  1. Gasto energético (calorías vacías reales): a diferencia de la ADH, el MEOS no genera energía útil (NADH), sino que gasta energía (ATP) para metabolizar el alcohol y disiparlo en forma de calor. Por eso los alcohólicos crónicos severos a veces no ganan peso a pesar de ingerir miles de calorías de alcohol; están desperdiciando energía en una termogénesis ineficiente para intentar detoxificarse.
  2. Fábrica de radicales libres: la actividad del CYP2E1 es "sucia". Genera cantidades masivas de Especies Reactivas de Oxígeno (ROS), como el anión superóxido y el peróxido de hidrógeno. Es como tener un motor que echa humo negro dentro de tu célula.
  3. Agotamiento del glutatión: para neutralizar estos radicales libres y evitar que destruyan la célula, el hígado gasta sus reservas de glutatión, el antioxidante maestro del cuerpo. Cuando el glutatión se agota, comienza el daño celular real: peroxidación lipídica de las membranas celulares (las células se rompen), daño al ADN mitocondrial y muerte celular (apoptosis/necrosis), sentando las bases bioquímicas para la hepatitis alcohólica y la cirrosis (Lieber, 2004).

El eje Intestino-Hígado: permeabilidad, endotoxemia y "Leaky Gut"

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🦠 Este es uno de los mecanismos más fascinantes, perturbadores y menos conocidos por el público general: cómo una noche de copas afecta a tu barrera intestinal y provoca inflamación en todo tu cuerpo.

El alcohol actúa como un disolvente orgánico. Cuando llega al intestino delgado, tiene la capacidad de disolver parcialmente los lípidos de las membranas celulares y dañar las proteínas de las uniones estrechas (tight junctions), como la zonulina y la ocludina, que mantienen unidas a las células de la pared intestinal. Esto provoca lo que conocemos clínicamente como Permeabilidad Intestinal Aumentada (coloquialmente, "Leaky Gut").

🚨 La invasión de endotoxinas (LPS): al abrirse estas compuertas microscópicas, el contenido del intestino deja de estar aislado. Las bacterias gramnegativas de tu microbiota y, más importante aún, sus fragmentos de pared celular llamados Lipopolisacáridos (LPS) o endotoxinas, escapan de la luz intestinal y entran directamente en la circulación portal, llegando al hígado (imagen 3).

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- Imagen 3. Las bacterias atraviesan el intestino filtrándose a la circulación portal llegando al hígado.

  1. Alarma inmunológica: el sistema inmune detecta el LPS en sangre y entra en pánico, interpretándolo como una infección bacteriana generalizada.
  2. Tormenta de citoquinas: se lanza una respuesta inflamatoria sistémica masiva, liberando citoquinas proinflamatorias como TNF-alfa e IL-6.
  3. Neuroinflamación: esta inflamación no se queda en el hígado; cruza la barrera hematoencefálica y activa la microglía (el sistema inmune del cerebro). Esta es una de las razones biológicas detrás de la "niebla mental", la ansiedad y el malestar general de la resaca: tu cerebro está literalmente inflamado por toxinas bacterianas que se han colado desde tu intestino por culpa del alcohol (Leclercq et al., 2014).

Hipertrofia y rendimiento: el "anti-anabólico" perfecto

🏋️‍♂️ Si entrenas fuerza con el objetivo de ganar masa muscular, mejorar tu rendimiento o recomponer tu cuerpo, el alcohol es, bioquímicamente, la sustancia más contraproducente que puedes ingerir. Beber esa cerveza "de recompensa" post-entreno puede estar tirando por tierra gran parte del esfuerzo mecánico y metabólico que acabas de realizar.

📉 Inhibición de la Síntesis Proteica (MPS): el crecimiento muscular depende de un equilibrio positivo de nitrógeno y de la activación de la vía mTORC1 (el interruptor maestro del crecimiento celular). Un estudio clásico y elegante de Parr et al. (Parr et al., 2014) puso esto a prueba con biopsias musculares en atletas (imagen 4).

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- Imagen 4. La ingestión de alcohol altera las tasas máximas de síntesis de proteínas miofibrilares después del ejercicio tras una única sesión de entrenamiento concurrente

  • El experimento: compararon tres grupos post-entreno: uno que solo tomó proteína, otro que tomó proteína + alcohol, y otro carbohidratos + alcohol.
  • Resultado devastador: el grupo que bebió alcohol sufrió una reducción del 37 % en la síntesis de proteína miofibrilar, incluso habiendo consumido la proteína necesaria. El alcohol "apaga" la fosforilación de mTOR y sus objetivos (p70S6K), impidiendo que el músculo utilice los aminoácidos eficientemente para repararse. Es como contratar a los obreros (proteína) pero emborrachar al capataz (mTOR); la obra no avanza.

💧 Recuperación y glucógeno: el alcohol interfiere con la reposición de glucógeno muscular si desplaza a los carbohidratos de la dieta. Además, su efecto diurético (inhibición de la vasopresina) retrasa la rehidratación celular, un factor clave para el anabolismo (una célula hidratada es una célula anabólica).

Impacto hormonal detallado: testosterona, estrógenos y cortisol

El alcohol no solo afecta al hígado o al músculo; actúa como un disruptor endocrino potente que altera el delicado equilibrio de tus hormonas sexuales y de estrés.

📉 Testosterona (el declive): el consumo de alcohol es tóxico para las células de Leydig en los testículos (las encargadas de fabricar testosterona).

  1. Toxicidad directa: Reduce los niveles de enzimas clave para la esteroidogénesis (como la 3β-HSD).
  2. Eje Hipotálamo-Hipófisis: el alcohol aumenta la liberación de beta-endorfinas, que suprimen la producción de GnRH y LH, la señal que el cerebro envía a los testículos para que trabajen. Menos señal, menos testosterona.

🌸 Aromatización (el aumento de estrógenos): en bebedores frecuentes, se observa una mayor actividad de la enzima aromatasa en el hígado y tejido adiposo. Esta enzima convierte la testosterona en estrógenos. Esto explica por qué el consumo crónico de alcohol en hombres se asocia con efectos feminizantes como la ginecomastia (desarrollo de tejido mamario), pérdida de vello corporal y acumulación de grasa con patrón femenino (imagen 5).

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- Imagen 5. El aumento de alcohol en sangre provoca toxicidad en las células de Leydig en los testículos y en bebedores frecuentes, se observa una mayor actividad de la enzima aromatasa en el hígado y tejido adiposo. Esta enzima convierte la testosterona en estrógenos.

🔥 Cortisol (el estrés sistémico): el consumo agudo de alcohol actúa como un estresor fisiológico potente, elevando los niveles de cortisol y manteniéndolos altos durante horas, incluso durante el sueño. El cortisol es una hormona catabólica que rompe el tejido muscular y favorece la acumulación de grasa visceral. Un ratio Testosterona/Cortisol bajo es la definición bioquímica de un estado de degradación física.

El "ladrón de nutrientes": malabsorción de vitaminas y minerales

🥗 No solo es lo que el alcohol le hace a tus órganos (toxicidad), es lo que le quita a tu cuerpo (depleción). El metabolismo del alcohol es un proceso "caro" que consume nutrientes esenciales y, además, el daño en la mucosa intestinal impide su absorción, provocando déficits funcionales incluso si comes bien.

  • Vitamina B1 (Tiamina): el alcohol bloquea específicamente los transportadores de tiamina en el intestino. La tiamina es crucial para el metabolismo de los carbohidratos y la función neuronal. Su déficit severo causa el síndrome de Wernicke-Korsakoff (daño cerebral irreversible), pero déficits leves causan fatiga crónica y "niebla mental".
  • Vitamina B12 y Ácido Fólico: el alcohol interfiere con el ciclo de un carbono y la metilación. La deficiencia de folato y B12 afecta a la división celular (anemia macrocítica) y a la reparación del ADN, incrementando el riesgo de cáncer.
  • Zinc y Magnesio: el alcohol actúa como un diurético potente que fuerza la excreción renal masiva de estos minerales. El zinc es fundamental para la producción de testosterona y el sistema inmune; el magnesio para la relajación muscular y la sensibilidad a la insulina. Un atleta bebedor es, casi por definición, un atleta deficiente en zinc y magnesio, lo que limita su recuperación y rendimiento (Lieber, 2003).

El mapa de la toxicidad: cáncer, ADN y el Grupo 1

🎗️ Este es el punto más serio y el que menos se discute en las sobremesas, quizás porque es el más incómodo y rompe la magia del "beber socialmente". La OMS y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifican el alcohol (etanol) y su metabolito principal, el acetaldehído, como Carcinógenos del Grupo 1 (imagen 6).

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- Imagen 6. El alcohol se clasifica como cancerígeno del tipo 1 (causa cáncer). El boletín de prensa vino acompañado de la siguiente cita: “Se estima que casi 2 mil millones de adultos en todo el mundo consumen bebidas alcohólicas regularmente, con un consumo diario promedio de 13 g de etanol (aproximadamente una bebida). Se ha demostrado que el consumo de alcohol causa cáncer de cavidad oral, faringe, laringe, esófago, colon y recto, hígado y mama en mujeres; también existe cierta evidencia de cáncer de páncreas. El riesgo relativo de cáncer de mama aumenta con el aumento del consumo de alcohol en aproximadamente un 10 % por cada 10 g/día.”

¿Qué más está en el Grupo 1? El tabaco, el amianto, el plutonio y la radiación ionizante. Esto significa que hay evidencia causal suficiente y probada de que provoca cáncer en humanos. No es una sospecha en ratones, es un hecho biológico confirmado.

🧬 El mecanismo del daño (mutagénesis): el villano principal aquí no es el alcohol per se, sino su hijo metabólico: el acetaldehído. Esta molécula es altamente reactiva y genotóxica. Se une al ADN formando "aductos" (pegotes químicos) que interfieren con la replicación celular y provocan errores (mutaciones) al copiarse la doble hélice. Además, el alcohol inhibe los mecanismos de reparación del ADN y actúa como un solvente en las mucosas, facilitando que otros carcinógenos (como los del humo del tabaco) penetren en las células.

  • El dato: el consumo de alcohol, incluso moderado, está causalmente ligado a siete tipos de cáncer: boca, faringe, laringe, esófago, hígado, colon y, muy especialmente, cáncer de mama en mujeres. En el cáncer de mama, el mecanismo se potencia porque el alcohol eleva los niveles de estrógenos circulantes. Se estima que una botella de vino a la semana equivale, en riesgo de cáncer absoluto, a fumar 5 cigarrillos para un hombre y 10 para una mujer (Hydes et al., 2019).

Salud cardiovascular: desmontando el mito del "vino bueno para el corazón"

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❤️ Durante años nos dijeron que el vino "limpiaba las arterias" y que los taninos eran mágicos. Es cierto que el alcohol puede elevar ligeramente el colesterol HDL ("bueno") y tiene un efecto anticoagulante leve (reduce la agregación plaquetaria). Sin embargo, cuando ponemos esto en la balanza global de la salud cardiovascular, los riesgos hunden estrepitosamente a este beneficio marginal.

💔 La realidad fisiológica:

  1. Presión arterial: el alcohol eleva la presión arterial de forma dosis-dependiente a través de la activación del sistema nervioso simpático y el sistema renina-angiotensina. Incluso consumos moderados contribuyen a la hipertensión, el factor de riesgo cardiovascular número uno.
  2. Arritmias: existe una entidad clínica llamada el "Síndrome del Corazón en Vacaciones". El consumo agudo de alcohol es un disparador conocido de fibrilación auricular, incluso en personas con corazones estructuralmente sanos.
  3. Rigidez arterial: el consumo crónico acelera el endurecimiento de las arterias (arterioesclerosis), contrarrestando cualquier supuesto beneficio antioxidante de los polifenoles (que, por cierto, podrías obtener comiendo uvas, arándanos o cacao sin el tóxico etanol) (Di Federico et al., 2023).

Neurobiología: atrofia estructural y deterioro cognitivo

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🧠 El alcohol es una neurotoxina liposoluble que cruza la barrera hematoencefálica sin resistencia alguna. A corto plazo, actúa potenciando el neurotransmisor inhibidor GABA (de ahí la relajación y la torpeza) e inhibiendo el excitador glutamato (de ahí la pérdida de memoria y los "apagones").

Pero a largo plazo, el coste es estructural y medible. Estudios de neuroimagen con miles de participantes (como los del Biobanco del Reino Unido, con más de 36 000 escáneres cerebrales) han demostrado una relación lineal inversa: a más alcohol consumido, menos volumen cerebral. Y esto ocurre incluso en bebedores "moderados" que no se emborrachan.

  • Atrofia: se observa una reducción de la materia gris (cuerpos neuronales) y una pérdida de integridad de la materia blanca (la mielina, los cables que conectan las neuronas).
  • Sinapsis: el alcohol daña la plasticidad sináptica y la neurogénesis en el hipocampo, la región clave para la memoria y el aprendizaje.
  • Demencia: el consumo regular es uno de los factores de riesgo modificables más potentes para la aparición temprana de demencia y Alzheimer (Han & Jia, 2021; Daviet et al., 2022).

Resumen y conclusiones prácticas: la jerarquía de la salud

No se trata de vivir con miedo, ni de convertirse en un ermitaño social que bebe agua del grifo en las bodas. Se trata de tomar decisiones informadas y adultas, dejando de escudarse en mitos científicos caducados para justificar un hábito que sabemos que es nocivo.

La postura Fit Generation:

  1. Tolerancia cero en rendimiento: si tu objetivo es maximizar la ganancia muscular, la pérdida de grasa o el rendimiento deportivo, el alcohol no tiene cabida en tu rutina habitual. Es un lastre metabólico. Especialmente, beber en el periodo post-entreno es un error crítico que anula el estímulo del gimnasio.
  2. No hay dosis saludable: borra de tu mente la idea de que una copa de vino es "buena para el corazón". Si decides beberla, hazlo por placer hedonista, porque te gusta el sabor o por el contexto social, asumiendo el coste biológico, pero nunca te engañes pensando que lo haces "por salud".
  3. Reducción de daños (si decides beber):
    • Hidratación: bebe un vaso de agua grande por cada unidad de alcohol. El alcohol deshidrata, el agua mitiga.
    • Comida: nunca bebas con el estómago vacío. La comida ralentiza el vaciado gástrico y la absorción del etanol, reduciendo el pico de toxicidad en sangre y dando tiempo al hígado a procesarlo.
    • Opciones 0,0: la tecnología alimentaria ha avanzado muchísimo. Las cervezas 0,0 actuales mantienen el sabor, los polifenoles y los carbohidratos para reponer glucógeno, sin el tóxico etanol. Son una opción de recuperación válida que aporta hidratación, carbohidratos y polifenoles sin el tóxico etanol.

💡 Mensaje final: una cerveza ocasional con amigos en una boda o una cena especial no te va a matar ni a arruinar tu físico para siempre. El veneno está en la dosis y en la frecuencia. Pero cada unidad que elimines de tu rutina semanal es una victoria medible para tu hígado, tu corazón, tu cerebro y tus músculos.

En cuestión de alcohol, la ciencia es clara: menos es siempre mejor, y nada es lo óptimo.

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