¿Las dietas altas en proteínas aumentan el riesgo de cáncer?

Hablar sobre ingesta de proteínas y su relación con el rendimiento y la salud siempre es interesante y, dependiendo de las declaraciones, también polémico.

En los últimos tiempos, se han hecho virales una serie de publicaciones acerca de la relación entre dietas con altas ingestas de proteínas y el riesgo de contraer cáncer.

Concretamente, nos referimos a las realizadas por el Doctor Valter Longo, profesor de Gerontología en la Universidad de California del Sur, en EEUU, quien ha dedicado su carrera a investigar a las personas más ancianas del mundo para dar con la dieta de la longevidad; y que ha declarado que la excesiva ingesta proteica en la dieta conlleva a un aumento del riesgo de padecer cáncer.

¿Es esto verdad? ¿Debemos preocuparnos los que seguimos una dieta hiperproteica por nuestros requerimientos físicos? Vamos a verlo.

El cáncer no es causado por una única variable

Antes de entrar en materia, queremos dejar claro que nuestro objetivo no es crear polémica con las declaraciones del Doctor Longo, sino ofrecer un punto de vista que creemos que es algo más ajustado a la realidad.

Dichas publicaciones se han hecho virales en la comunidad fitness y en diferentes campos de la salud.

Lo cierto es que, al menos en parte, el Doctor Longo tiene razón... el problema es que las entrevistas que han aparecido en la prensa solo muestran una cara de la moneda y son utilizadas de manera sesgada para (mal)informar.

El miedo a una ingesta alta de proteínas puede que sea más reciente, pero si pensamos en el miedo a la carne, fuente importante de proteínas, quizás no sea tan novedoso.

Empezó hace más de 40 años; y desde entonces, una alta ingesta de proteína y los miedos a ciertos alimentos, productos y/o distribuciones concretas de macronutrientes en la dieta, incluso aunque sea miedos infundados y sin evidencia consistente, acaban por tener en muchos un efecto nocebo: piensan que algo les va a hacer daño, y aumentan las probabilidades de que así ocurra.

Ha pasado con, por ejemplo, los huevos. ¿Cuánta controversia sigue existiendo sobre el número de huevos diarios que se pueden o no se pueden comer?

Algunas autoridades y gobiernos aún recomiendan limitar su consumo a dos o tres semanales. Y esto pasa con muchos otros alimentos.

En respuesta a estas advertencias, se crean dos grupos diferentes de personas:

  • Por un lado, los que siguen la nueva recomendación. Ya sea porque ni siquiera se preguntan el porqué de la misma, ni de dónde viene; o ya sea, para bien, porque investigan por su cuenta y toman la decisión.
  • Por otro lado, los que no hacen caso. Al igual que en el caso anterior, bien sea porque la experiencia con sus gobiernos y autoridades hacen que sean contrarios a seguir sus recomendaciones, porque simplemente “pasan” de ella, o bien, porque tienen carácter crítico y tras investigar por su cuenta, encuentran que esa recomendación no es acertada.

Los primeros, los que las siguen, en principio son los mismos que hacen caso al resto de indicaciones (acertadas): la parte buena es que comen más verduras y pescado, fuman y beben menos, hacen más ejercicio, tienen menos grasa corporal…

Los segundos, los que ignoran la nueva recomendación y todas las anteriores motivados por la ignorancia y el pasotismo (no por su carácter crítico), suelen ser los que comen pocas verduras y frutas, fuman y beben más, son sedentarios, tiene más sobrepeso, etc..

La consecuencia es evidente y clara. Quienes tienen peores hábitos dietéticos, también son los que tienen peores hábitos de vida; y, por tanto, tienen más riesgo de contraer cualquier enfermedad y más riesgo de muerte por todas las causas.

Aislar el efecto de cada variable que influye en el desarrollo de una enfermedad tan compleja como el cáncer es imposible.

Muchos estudios observacionales identifican asociaciones que posteriormente desaparecen en los ensayos clínicos, que al final son los únicos que permiten realmente identificar el impacto de cada variable. Y esto mismo aplica a la alta ingesta de proteínas.

Así que, siempre podemos encontrar investigaciones que apoyen nuestro punto de vista. Lo que pasa es que, claro, eso no es ético.

¿Las dietas altas en proteína aumentan el riesgo de contraer cáncer?

En primer lugar, deberíamos definir qué son las dietas altas en proteína.

Aunque muchos de vosotros no lo consideréis así, una dieta alta en proteína es aquella que supera los 0.66 gramos diarios de proteínas / kg peso en mujeres y los 0.83 gramos diarios de proteínas / kg peso en hombres.

Evidentemente, ya es bastante la evidencia disponible para saber que en la mayoría de personas estas recomendaciones están obsoletas, pero siguen siendo estos los umbrales para considerar una dieta alta en proteínas.

Para ver si hay una mayor probabilidad de contraer cáncer asociada a una dieta que supere estos umbrales y que se considere “alta en proteínas”, encontramos particularmente útiles las revisiones con metanálisis de Chen et al. / Qi et al. / y Naghshi et al. y, que podéis ver en la bibliografía de este artículo. Os animamos a que echéis un vistazo a pesar de que las vamos a resumir a continuación.

No pretendemos hacer creer nada a nadie, sino, simplemente, ofrecer material que creemos bueno tras haber filtrado por calidad y por su aplicabilidad a la vida diaria. A partir de ello, y también considerando las declaraciones del Doctor Longo, podéis conformar vuestra propia opinión.

El resumen sería que ningún alimento aislado va a causar (o prevenir) el cáncer por sí solo. Lo importante es nuestra dieta en general, teniendo en cuenta las calorías diarias, el equilibrio energético, la calidad de los alimentos, la frecuencia de consumo de ellos, el método de cocinado, el reparto de macronutrientes, la velocidad de ingesta, etc.; además, claro, del resto de hábitos diarios.

Centrándonos en la alimentación, podríamos destacar los siguientes factores:

  • Dependiendo de nuestra actividad física diaria y el carácter de esta (sí incluimos más o menos ejercicio de fuerza), así como de nuestra ingesta calórica total diaria y el equilibrio energético (déficit, mantenimiento o superávit), la ingesta proteica recomendada variará, pero probablemente de manera óptima, situarla entre 1.2 y 2.0 gramos / kg peso / día sería lo mejor.

En términos generales, como podéis apreciar en las gráficas de la revisión de Naghshi y cols., la asociación entre ingesta diaria de proteína y cáncer aumenta a partir de cierto punto y no lleva una tendencia lineal.

Hay un rango óptimo que se corresponde con el anterior (1.2 – 2.0 gramos de proteína / kg peso / día o 15 – 22% del total de calorías diarias) en el que el riesgo es menor que por debajo y por encima del mismo (Figura 1).

Proteína total, animal y vegetal
¿Las dietas altas en proteínas aumentan el riesgo de cáncer? 2

Figura 1. Asociación dosis-respuesta no lineal de la ingesta de proteína total, animal y vegetal (basada en el porcentaje de kcal/día) con el riesgo de mortalidad por todas las causas, por enfermedad cardiovascular y por cáncer en adultos de 19 años o más. Las líneas discontinuas representan intervalos de confianza del 95%.

  • Asimismo, estaría bien reducir algo el consumo de proteína de origen animal y aumentar ligeramente la de origen vegetal, ya que, al hacerlo, se ha observado una pequeña reducción de riesgo de muerte por todas las causas. Y desde un punto de vista de optimización del rendimiento, sea cual sea el objetivo, no parece haber tantas diferencias entre consumir mayor porcentaje de proteína animal o vegetal.
  • Es muy probable que la forma de preparación de los alimentos tenga mucho que ver en el aumento o reducción del riesgo de padecer cáncer. En el caso concreto de la carne, por ejemplo, especialmente la temperatura de cocinado tiene influencia.

Es mejor priorizar métodos de cocinado como hacer a la plancha a temperatura medio – alta, hornear, cocer, guisar o estofar. Además, como dato curioso, marinar la carne con especias (como romero y orégano) antes de cocinarla disminuye de manera significativa (estadísticamente hablando) la producción de compuestos cancerígenos.

Resumen y conclusiones

A pesar de las polémicas que existen en torno a las dietas con alta ingesta de proteínas diarias, no parece que existan riesgos importantes de contraer cáncer o cualquier otra enfermedad por mantener una ingesta alta respecto a las recomendaciones clásicas de 0.83 gramos / kg peso / día, siempre que utilicemos el sentido común y nos situemos en un rango óptimo de 1.2 – 2.0 gramos / kg peso / día.

Puntualmente, y en etapas de déficit energético donde la masa muscular se pueda ver comprometida, podría aumentarse ligeramente este rango hasta los 2.3 – 3.1 gramos / kg peso / día.

Si bien es cierto que la gran mayoría de personas que entrenan tampoco necesitarán estas cantidades, aunque ellas crean que sí. 

Por otro lado, para finalizar y no extendernos mucho más, creemos importante animaros a investigar y contrastar los datos siempre que salgan entrevistas de este estilo o nuevas investigaciones llamativas; no solo el tema del que trate, sino también el perfil de investigador y/o profesional de la persona entrevistada.

Puede que haya conflictos de intereses para decir lo que está diciendo o para que los resultados sean los que son. A todos nosotros nos gustan estos temas, pero también es importante filtrar la información para destinar vuestros esfuerzos a lo que verdaderamente merezca la pena en vuestro día a día.

No quiere decir que esta vez no haya sido así; al contrario, pero a veces hacemos caso a demasiadas cosas que no son más que ruido.

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