Crononutrición: no es solo qué comes, es cuándo

Publicado: 17 de febrero de 2026
Modificado: 30 de marzo de 2026

🕰️ Durante décadas, la nutrición clásica y la dietética convencional se han centrado casi obsesivamente en el "qué" (la calidad de los macronutrientes: carbohidratos vs. grasas) y en el "cuánto" (el balance energético: calorías). Hemos tratado al cuerpo humano como si fuera una simple cuenta bancaria termodinámica o una máquina térmica lineal que funciona exactamente igual a las 8:00 de la mañana que a las 11:00 de la noche.

Sin embargo, la biología molecular moderna y la cronobiología nos dicen algo radicalmente diferente. No eres el mismo organismo por la mañana que por la noche. Tu sensibilidad a la insulina, tu capacidad digestiva, tu temperatura corporal, la actividad de tus enzimas e incluso la expresión de miles de tus genes cambian drásticamente según la hora del día. Tu cuerpo es una entidad rítmica, no estática.

🧬 Esto es la Crononutrición: la disciplina científica emergente que estudia la interacción bidireccional entre nuestros ritmos biológicos (circadianos) y la ingesta de alimentos. Y la premisa es tan simple como revolucionaria: comer el alimento "correcto" en el momento biológico "incorrecto" puede sabotear tu salud metabólica, favoreciendo la acumulación de grasa, la inflamación sistémica y el envejecimiento acelerado.

➡️ En este artículo no te voy a dar consejos vacíos sobre horarios arbitrarios. Quiero explicarte la bioquímica profunda detrás de por qué cenar tarde te predispone a la obesidad, qué ocurre a nivel molecular cuando mezclas luz artificial con comida, cómo identificar tu cronotipo genético y cómo puedes sincronizar tus relojes internos para maximizar tu rendimiento y salud a largo plazo.

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Los relojes biológicos: el director de orquesta y los músicos

⏰ Para entender la crononutrición con la profundidad necesaria, primero debes visualizar tu cuerpo como una orquesta filarmónica de gran precisión. No existe un solo reloj; existe una red compleja y jerárquica de temporizadores moleculares presentes en casi cada célula de tu cuerpo.

🧠 En la cúspide de esta jerarquía se encuentra el reloj central, ubicado en el cerebro, concretamente en el Núcleo Supraquiasmático (NSQ) del hipotálamo anterior (imagen 1). Este es el "Director de Orquesta".

Su trabajo es marcar el ritmo principal (día/noche) y orquestar los ritmos de todo el organismo. Este reloj central se sincroniza casi exclusivamente a través de la luz (específicamente la luz de espectro azul, ~460-480 nm) que entra por la retina, viaja por el tracto retinohipotalámico y le dice al cerebro: "es de día, activa el sistema".

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- Imagen 1. Tomografía del Núcleo Supraquiasmático y representación gráfica de su estructura y las estructuras adyacentes

🫀 Pero aquí viene el matiz clave que muchos ignoran y donde reside la magia de la crononutrición: cada órgano de tu cuerpo (hígado, páncreas, músculo, tejido graso, intestino) tiene su propio reloj interno autónomo. Son los Relojes Periféricos.

Estos relojes regulan funciones locales críticas (como la absorción de nutrientes en el intestino, la producción de glucosa en el hígado o la secreción de insulina en el páncreas) mediante bucles de retroalimentación de transcripción-traducción de genes reloj como CLOCK, BMAL1, PER y CRY.

🍴 Lo fascinante, como demostró el estudio clásico de Damiola y colaboradores (Damiola et al., 2000), es que estos relojes periféricos no se ponen en hora con la luz, sino con la comida. En su experimento, vieron que cambiar el horario de comidas en ratones (alimentándolos en su fase de descanso) desacoplaba completamente el reloj del hígado del reloj del cerebro. El hígado empezaba a vivir en un huso horario diferente al del resto del cuerpo.

⚠️ Si comes a una hora en la que tu cerebro (guiado por la oscuridad de la noche) dice que es momento de dormir y reparar, pero tu hígado recibe nutrientes (una señal potente de "día" y actividad), se produce una desincronización interna.

Es como si el director de orquesta marcará un adagio lento para dormir, pero la sección de percusión empezará a tocar un ritmo de rock frenético. El resultado es el caos metabólico, una regulación deficiente de la glucosa y una predisposición a la acumulación de grasa (imagen 2) (Panda, 2016).

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- Imagen 2. El esquema muestra cómo los diferentes relojes integran las señales externas. Atención al Panel A (arriba izquierda): muestra el modelo de doble entrada descrito en el texto. Mientras la Luz (Light) entra por el ojo para regular el reloj central y la melatonina, la Comida (Food) activa señales desde el intestino (GLP1) para sincronizar órganos periféricos como el páncreas. Los demás paneles (B-J) ilustran la complejidad de los "músicos": cómo cada ruta metabólica (glucosa, lípidos, proteínas) está dirigida por genes reloj. Fuente: Panda (2016).

El conflicto molecular: melatonina vs. insulina (la clave metabólica)

🌑 Este es, quizás, el mecanismo fisiológico más importante y revelador que quiero que entiendas para comprender por qué cenar tarde es tan perjudicial. Cuando cae la noche y la luz disminuye, tu glándula pineal comienza a sintetizar y segregar melatonina a partir de la serotonina. Todos la conocemos como la "hormona del sueño", pero metabólicamente hace mucho más: es una señal sistémica de "oscuridad biológica".

🛑 La melatonina tiene receptores específicos (MT1 y MT2) en muchos tejidos, incluyendo las células beta del páncreas (las encargadas de producir insulina). ¿Su función allí? Inhibir la secreción de insulina.

Evolutivamente tiene todo el sentido: si estás durmiendo, no vas a comer (en la naturaleza no hay neveras ni Uber Eats a las 3 AM), así que el páncreas debe "apagarse" y descansar para evitar hipoglucemias nocturnas peligrosas que podrían ser fatales durante el sueño (Mulder et al., 2009).

🍬 ¿Qué pasa si cenas tarde? Como se vio en el extenso trabajo de investigación de Marta Garaulet y colaboradores (Garaulet et al., 2020), existe una interacción crítica y genética entre la melatonina y la glucosa.

Aquí es donde tu ADN juega sus cartas: entra en juego el gen MTNR1B. Las personas portadoras de la variante de riesgo en este gen (muy común en la población) tienen una mayor densidad de receptores de melatonina en el páncreas.

Esto significa que, para este gran grupo de personas, cenar tarde no es solo un mal hábito, es genéticamente desastroso: su secreción de insulina se bloquea de forma mucho más agresiva y rápida ante la presencia de melatonina.

Si ingieres una carga significativa de carbohidratos (o incluso proteínas insulinotrópicas) cuando tus niveles de melatonina ya están subiendo (porque es de noche, hay poca luz o simplemente por tu ritmo circadiano endógeno), te encuentras con un choque de trenes metabólico.

🩸 El páncreas recibe dos señales contradictorias: la glucosa le grita "¡Secreta insulina!", pero la melatonina le ordena "¡Detente, es de noche!".

El resultado es que la melatonina gana parcialmente: la respuesta de insulina será débil, tardía y bifásica. Como consecuencia, esa glucosa no podrá entrar eficientemente en las células y permanecerá en tu sangre mucho más tiempo, causando una hiperglucemia postprandial prolongada (imagen 3). Es decir, la misma comida exacta que a las 14:00 se gestiona perfectamente, a las 22:00 genera un pico de glucosa diabético en una persona sana, favoreciendo la glicación, la inflamación y el almacenamiento de grasa.

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- Imagen 3. La tabla resume cómo la melatonina alta ("High melatonin", columna derecha) reduce drásticamente la función de las células beta del páncreas y la sensibilidad a la insulina justo cuando comemos ("Postprandial", fila inferior), tal y como indican las flechas rojas. Fuente: Garaulet et al. (2020).

Cronotipos: ¿eres búho o alondra? La personalización genética

🧬 No todos los relojes marcan la misma hora. Existe una variabilidad interindividual genética en la fase de nuestros ritmos circadianos, lo que conocemos como cronotipo (imagen 4).

  • Alondras (matutinos): se despiertan temprano de forma natural, tienen su pico de rendimiento cognitivo y físico en la primera mitad del día y les entra sueño pronto. Su melatonina empieza a subir antes (hacia las 20:00-21:00).
  • Búhos (vespertinos): les cuesta arrancar por la mañana, tienen su pico de alerta por la tarde-noche y tienden a acostarse tarde. Su pico de melatonina está retrasado (Roenneberg et al., 2019).
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- Imagen 4. Distribución de los cronotipos en la población basada en el "punto medio del sueño" (MSFsc). A la izquierda (barras rojas/naranjas) se sitúan las "Alondras" o cronotipos tempranos, y a la derecha (barras azules/violetas) los "Búhos" o tardíos. La mayoría de la población se encuentra en la zona intermedia (verde/amarillo), demostrando que el cronotipo es un espectro continuo. Fuente: Roenneberg et al. (2019).

🦉 El riesgo del búho: los estudios epidemiológicos muestran consistentemente que las personas con cronotipo vespertino tienen un mayor riesgo de obesidad, síndrome metabólico y diabetes tipo 2. ¿Por qué? No es solo genética, es conductual. Los vespertinos tienden a sufrir más "Jet Lag Social": su biología les pide dormir y comer tarde, pero la sociedad (trabajo, colegio) les obliga a levantarse temprano.

🍽️ Estrategia nutricional por cronotipo:

  • Si eres Alondra, tu cena debe ser muy temprana (19:00-20:00), ya que tu melatonina sube pronto y tu sensibilidad a la insulina cae antes.
  • Si eres Búho, puedes permitirte cenar un poco más tarde (21:00-21:30) sin tanto impacto negativo, pero el desayuno temprano puede ser contraproducente. Sin embargo, el objetivo para un "búho" saludable es intentar adelantar ligeramente sus ritmos exponiéndose a luz natural por la mañana, para alinearse mejor con el ciclo solar real.

La ventaja matutina: por qué las calorías no valen lo mismo de noche

☀️ Existe un fenómeno fisiológico bien documentado llamado la disminución diurna de la tolerancia a la glucosa. Básicamente, somos máquinas metabólicamente mucho más eficientes por la mañana que por la noche. Esto se debe a varios mecanismos que fluctúan a lo largo del día.

🔥 1. Termogénesis Inducida por la Dieta (DIT): tu cuerpo gasta energía simplemente por digerir, absorber y procesar la comida (el "coste" de comer). Estudios controlados en cámara calorimétrica, como el de Bo y colaboradores (Bo et al., 2015) y confirmado mecanísticamente por Morris et al. (Morris et al., 2015), han demostrado que este gasto energético es dependiente del ritmo circadiano: es significativamente mayor por la mañana que por la noche ante una comida isocalórica.

  • La DIT puede ser hasta 2,5 veces mayor en el desayuno que en la cena. Comer fuerte por la mañana "cuesta" más energía a tu cuerpo (quemas más calorías procesándolo) que hacerlo por la noche, donde el cuerpo es más "ahorrador".

📉 2. Sensibilidad a la insulina: tus células musculares y adiposas tienen su propio ritmo de sensibilidad, regulado por genes reloj como BMAL1 y PER2. Son mucho más receptivas a la insulina en la primera mitad del día. A medida que avanza la tarde, esta sensibilidad cae de forma natural (un fenómeno conocido como resistencia a la insulina fisiológica vespertina).

  • En un estudio clásico, Jakubowicz y colaboradores (Jakubowicz et al., 2013) compararon dos grupos de mujeres con sobrepeso comiendo las mismas calorías totales, pero distribuidas de forma opuesta (desayuno grande vs. cena grande). El grupo del "desayuno grande" perdió significativamente más peso y mejoró más sus marcadores metabólicos (glucosa, triglicéridos), a pesar de comer exactamente lo mismo (imagen 5).
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- Imagen 5. Gráfica de pérdida de peso a lo largo de 12 semanas (Panel A). La línea negra (BF - Breakfast) corresponde al grupo que consumió la mayor parte de las calorías en el desayuno, logrando una pérdida de peso mucho mayor que el grupo de la cena (línea blanca, D - Dinner), a pesar de ingerir las mismas calorías totales (1400 kcal). Fuente: Jakubowicz et al. (2013).

Cronodisrupción y Jet Lag Social: el precio metabólico de vivir a destiempo

📱 Vivimos en una sociedad patológicamente cronodisruptiva. Tenemos dos factores ambientales que conspiran contra nuestra biología ancestral:

  1. Luz Artificial Nocturna (LAN): pantallas, LED y luces blancas hasta medianoche. Esto confunde al reloj central, suprime la melatonina (Gooley et al., 2011) y le dice al cerebro que es "mediodía" eterno.
  2. Acceso a comida 24/7: neveras, apps de delivery y snacks. Esto confunde a los relojes periféricos (hígado, intestino), manteniéndolos en estado de "absorción" cuando deberían estar en "reparación".

⚠️ Esta discrepancia entre el tiempo interno (biológico), el tiempo ambiental (solar) y el tiempo social (reloj de pared) se llama Jet Lag Social. Se asocia epidemiológica y mecanísticamente con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, depresión y cáncer. No es solo que comas "mal"; es que comes cuando tu cuerpo está diseñado genéticamente para reparar el ADN, limpiar toxinas y descansar, no para metabolizar macronutrientes (Challet, 2019).

🧪 La evidencia es contundente y aterradora. En un estudio de laboratorio muy controlado, Scheer y colaboradores (Scheer et al., 2009) tomaron a personas sanas y las sometieron a una desalineación circadiana forzada (cambiando sus ciclos de sueño y comida 12 horas, como si viajaran al otro lado del mundo pero sin moverse).

  • En apenas unos días, estos sujetos jóvenes y sanos mostraron perfiles hormonales pre-diabéticos (imagen 6):
    • Elevación del cortisol nocturno.
    • Aumento de la glucosa postprandial (insulina ineficiente).
    • Caída drástica en la leptina (la hormona de la saciedad), lo que explica por qué el trabajo por turnos da tanta hambre.
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- Imagen 6. Comparación de los perfiles de 24 horas en estado alineado (línea verde) vs. desalineado (línea roja). La desalineación circadiana provoca una caída sistémica de la leptina (arriba izq.), aumenta los picos de glucosa postprandial (medio izq.) a pesar de la insulina, e invierte el ritmo de cortisol (abajo der.), elevándose durante el sueño (áreas grises). Fuente: Scheer et al. (2009).

Microbiota circadiana: tus bacterias también tienen reloj

🦠 Un campo fascinante y novedoso es la relación entre los ritmos circadianos y tu flora intestinal. Tus bacterias no tienen ojos para ver la luz, pero "ven" cuándo comes.

Estudios recientes sugieren que la composición y la función de la microbiota oscilan durante las 24 horas (Thaiss et al., 2014). Algunas poblaciones de bacterias (las que procesan nutrientes) proliferan durante el día, mientras que otras (encargadas de tareas de mantenimiento de la mucosa) dominan la noche.

🍟 Cuando comes a deshoras o picas constantemente sin dejar ventanas de ayuno, alteras estos ritmos bacterianos. Esto produce una disbiosis circadiana (imagen 7), que puede alterar la barrera intestinal, aumentar la permeabilidad ("leaky gut") y favorecer el paso de lipopolisacáridos (toxinas bacterianas) a la sangre, generando una inflamación sistémica de bajo grado que es la base de la resistencia a la insulina (Bishehsari et al., 2020). Respetar los ritmos de comida es también respetar a tus bacterias.

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- Imagen 7. El esquema ilustra cómo la microbiota intestinal oscila rítmicamente en composición y función (línea ondulada azul), sincronizada por la ingesta de alimentos. Cuando se interrumpe este ritmo (por ejemplo, por comer a deshoras o Jet Lag), se pierde la oscilación (línea roja plana), lo que conduce a disbiosis y problemas metabólicos como obesidad e intolerancia a la glucosa. Fuente: Thaiss et al. (2014).

Protocolos de sincronización avanzada: TRE y timing

¿Cómo arreglamos este caos en el mundo moderno? No necesitas vivir como un monje en una cueva, pero sí respetar ciertas ventanas biológicas innegociables.

1. Alimentación con Tiempo Restringido (TRE)

⏳ Más conocido como ayuno intermitente, pero con un matiz circadiano vital. Lo importante aquí no es solo "saltarse una comida" para recortar calorías, sino alinear la ingesta con la luz solar.

  • El protocolo eTRE (early TRE): consiste en concentrar la ventana de alimentación en las primeras horas del día (ej. de 8:00 a 16:00 o de 10:00 a 18:00), dejando la tarde-noche libre de comida. Como demostró el equipo de Sutton en un ensayo clínico controlado (Sutton et al., 2018), este enfoque mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la presión arterial y el estrés oxidativo, incluso sin pérdida de peso (imagen 8). Cenar pronto y desayunar bien es metabólicamente superior a saltarse el desayuno y cenar tarde.
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- Imagen 8. El gráfico resume el diseño y los hallazgos del estudio de Sutton. Comparado con el horario de control (comer durante 12 horas), restringir la alimentación a las primeras horas del día (ventana de 6 horas, terminando antes de las 2 PM) resultó en una disminución de los niveles de insulina, mejor función de las células beta, menor presión arterial y menor estrés oxidativo, todo ello sin necesidad de perder peso. Fuente: Sutton et al. (2018).

2. La "cena temprana" (early dinner)

🍽️ Si el eTRE estricto es socialmente imposible para ti (trabajo, familia), la intervención más potente y sencilla es cenar pronto. Intenta dejar al menos de 2,5 a 3 horas entre tu última ingesta y el momento de irte a la cama. Esto permite que los niveles de insulina y glucosa bajen a niveles basales antes de que el pico nocturno de melatonina ocurra, evitando el conflicto hormonal que explicamos antes y permitiendo una secreción óptima de Hormona de Crecimiento (GH) durante la noche.

3. Anclajes de luz y comida (zeitgebers)

💡 Tu cuerpo necesita señales claras ("zeitgebers" o dadores de tiempo) para mantener la homeostasis (imagen 9) (Asher & Sassone-Corsi, 2015).

  • Mañana: exponte a luz natural potente (no a través de un cristal si es posible) nada más levantarte, donde el índice UVA es bajo (recuerda que en horas de máximo UVA es necesaria la protección solar). Esto suprime la melatonina residual y adelanta tu reloj central, sincronizándolo con el día solar (Wright et al., 2013). Realiza tu primera ingesta poco después para poner en hora los relojes periféricos (hígado/intestino) en sincronía con el cerebro (Panda, 2016).
  • Noche: a partir del atardecer, reduce la intensidad de la luz artificial, usa filtros de luz azul en tus dispositivos y evita comidas copiosas para no enviar señales contradictorias de "día" a tu metabolismo (Garaulet et al., 2020; Panda, 2016).
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- Imagen 9. El esquema ilustra cómo el reloj central (sincronizado por la luz) y la ingesta de alimentos (Food intake) actúan como las dos señales principales que ponen en hora nuestros ritmos biológicos. Fuente: Asher & Sassone-Corsi (2015).

Mito vs. realidad: ¿carbohidratos en la cena?

🥔 Aquí entra el matiz del experto que diferencia el consejo genérico de revista de la fisiología aplicada. Seguro que has oído mil veces que "los carbohidratos por la noche engordan" o, por el contrario, que "da igual cuándo los comas si las calorías cuadran".

La crononutrición nos dice que la tolerancia a la glucosa es objetivamente peor por la noche, sí (Garaulet et al., 2020). Pero, ¿significa esto que están prohibidos?

Depende totalmente del contexto fisiológico y del estado energético de la persona:

  1. Población sedentaria / resistencia a la insulina: para alguien que no entrena, tiene sobrepeso, resistencia a la insulina o diabetes tipo 2, cenar una carga alta de carbohidratos (pasta, arroz, fruta dulce) es metabólicamente ineficiente y contraproducente. Su "tanque" de glucógeno está lleno, sus músculos no captan glucosa eficientemente y su insulina nocturna funciona mal (Garaulet et al., 2020). Para este perfil, la cena ideal es proteína y verdura (fibra).
  2. Atletas y entrenamiento vespertino: si entrenas fuerza o alta intensidad a las 20:00, tu fisiología cambia temporalmente. El ejercicio aumenta la captación de glucosa por vías no dependientes de insulina (translocación de transportadores GLUT4 inducida por la contracción muscular) (Richter & Hargreaves, 2013). En este escenario, cenar carbohidratos es necesario para recuperar el glucógeno muscular gastado, reducir el cortisol post-entreno y favorecer la recuperación. El ejercicio "protege" contra la inflexibilidad metabólica nocturna, creando una "ventana de oportunidad" donde los carbohidratos son bien recibidos incluso de noche (imagen 10) (Savikj et al., 2019).
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- Imagen 10. Perfiles de glucosa en sangre durante 24 horas. La línea azul (Afternoon) muestra niveles de glucosa significativamente menores en comparación con la línea roja (Morning), demostrando que el entrenamiento realizado por la tarde compensa mejor la resistencia a la insulina que el matutino. Fuente: Savikj et al. (2019).

Resumen y conclusiones prácticas

La crononutrición no es una dieta más; es el manual de instrucciones de tus ritmos biológicos. Ignorarlo es nadar contracorriente contra millones de años de evolución.

Recomendaciones:

  1. Cena pronto: es la regla de oro. Intenta cenar cuando todavía hay algo de luz o al menos 3 horas antes de dormir. Tu páncreas y tu sueño te lo agradecerán.
  2. Concentra calorías: haz que tu desayuno y comida sean las ingestas principales del día. El refrán "Desayuna como un rey, cena como un mendigo" tiene una base científica sólida en cuanto a sensibilidad a la insulina y termogénesis (DIT).
  3. Oscuridad y ayuno: por la noche, tu cuerpo necesita oscuridad (evita pantallas/luz azul) y ausencia de nutrientes para activar los procesos de reparación celular (autofagia) y limpieza cerebral (sistema glinfático).
  4. Consistencia: intenta comer a las mismas horas. Tu cuerpo es una máquina predictiva y prepara las enzimas digestivas y hormonas anticipándose a tus hábitos (efecto cefálico). El caos horario genera estrés metabólico y engorda.

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  3. Bo S, Musso G, Beccuti G, Fadda M, Fedele D, Gambino R, Gentile L, Durazzo M, Ghigo E, Cassader M. Consuming more of daily caloric intake at dinner predisposes to obesity. A 6-year population-based prospective cohort study. PLoS One. 2014 Sep 24;9(9):e108467. doi: 10.1371/journal.pone.0108467. PMID: 25250617; PMCID: PMC4177396.
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