¿Comer menos alarga la esperanza de vida? – Esto dice la ciencia

Seguro que lo has oído en más de una ocasión o lo has leído en alguna página de Internet: ¿es cierto que comer poco podría ser beneficioso para la salud y aumentar la longevidad?

Estudios en animales vs. en humanos

Durante varias décadas ha habido hipótesis que sugieren que el ayuno y la restricción calórica aumentan la longevidad y retrasan el envejecimiento. No obstante, gran parte de la investigación se ha centrado en organismos modelo, como ratones y monos

En un metanálisis de restricción calórica en animales, por ejemplo, Swindell (2012) informó de que la magnitud de los efectos de la restricción calórica en la salud y la vida útil varía y puede verse influenciada por el sexo, la dieta, la edad del inicio de esa restricción calórica y factores genéticos

Así, con los datos disponibles, llegaron a la conclusión de que la restricción calórica del equivalente a 200 kcal humanas aumenta la vida media entre un 14 y 45% en ratas, pero solo del 4 al 27% en ratones.

Aunque se podrían extrapolar resultados y probablemente acertáramos en la mayoría de conclusiones, es cierto que cuanto más específicos seamos, mayor será el acierto y la practicidad de nuestras recomendaciones. 

Por eso, también debemos hacer referencia a algunos estudios publicados en humanos

Esto es muy importante porque las investigaciones llevadas a cabo en personas son más difíciles dados los años de vida media del ser humano y, sobre todo, sus costumbres, hábitos y apetencias hacen que sea difícil poder observar los efectos y resultados de la restricción calórica a largo plazo.

Por eso nos tenemos que hacer eco de algunos estudios interesantes publicados en los últimos años con el objetivo de observar el efecto de la restricción calórica sobre el envejecimiento en humanos.

Redman y cols. (2018)

Vamos a sumergirnos en uno de ellos, publicado en 2018 por el grupo de investigación de Redman y cols. y luego discutimos los resultados y los contextualizamos.

El diseño de este estudio fue el siguiente:

Se asignó al azar a 53 personas a una dieta normal, ad libitum, o una dieta reducida en calorías con 25% de déficit diario respecto a su gasto energético diario total y se les siguió durante dos años.

El objetivo de la intervención fue la adherencia a una trayectoria de pérdida de peso predicha matemáticamente que alcanzó un 15.5% por debajo del peso inicial después de un año de intervención, seguida del mantenimiento de este peso durante el segundo año.

Evidentemente, debido a la variabilidad en la pérdida de peso proyectada necesaria para lograr ese 25% de reducción calórica, los participantes también recibieron orientación que indicaba una "zona de pérdida de peso aceptable" que variaba del 12 al 22%. La orientación nutricional y conductual se personalizó y modificó para disminuir el grado en que el cambio de peso difería del objetivo.

Y ojo porque también se controló la conducta de estas personas, algo que es especialmente relevante en el mantenimiento de la pérdida de peso durante el segundo año.

Se incluyó una intervención conductual en la que se hizo entrega de un plan de estudios estructurado en reuniones grupales e individuales regulares con psicólogos clínicos y nutricionistas a partir de un manual de tratamiento estandarizado desarrollado específicamente para el estudio.

Se fue midiendo a los participantes en cuanto a composición corporal, gasto de energía, hormonas tiroideas, leptina, adiponectina y oxidación de lípidos en la orina al inicio y al final del año 1 y del año 2.

Los resultados mostraron que el grupo de restricción calórica se quedó un poco por debajo de su objetivo de restricción del 25%, pero redujo las calorías en un 15% durante el transcurso del estudio. 

Esto representa una reducción de aproximadamente 300 kcal basada en una dieta de 2000 kcal al día. El grupo de control no vio ningún cambio real (± 2%) en la ingesta de energía durante los dos años del estudio.

El grupo de restricción calórica perdió ~ 9 kg durante los dos años y casi toda la pérdida de peso se produjo durante el primer año y luego se mantuvo en el segundo año (Figura 1). Gran parte de esta pérdida de peso fue pérdida de grasa (alrededor del 70%). 

El grupo de control, por su parte, no perdió peso de manera significativa. Este es un hallazgo importante ya que tiene implicaciones para el resto de los resultados y la interpretación de estos datos.

Efectos sobre la composición corporal
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Figura 1. Efectos sobre la composición corporal de unas dieta sin control vs. dieta con restricción calórica a lo largo de dos años (Redman et al., 2018). Los principales efectos de reducción del peso corporal y masa grasa de la restricción calórica se dan durante el primer año.

También se midieron otras variables (Tabla 1), como el gasto de energía durante 24 horas (esto se midió en un entorno sedentario) o el gasto de energía durante el sueño utilizando agua doblemente etiquetada y una cámara metabólica.

El gasto de energía de 24 horas se redujo en ambos grupos, sin embargo, el gasto de energía para dormir solo se redujo en el grupo de restricción calórica. Además, para el año 2 hubo una disminución de aproximadamente 120 kcal por día en el gasto energético relacionado con la actividad y una disminución de aproximadamente 30 kcal por día en la actividad física espontánea.

Como era de esperar, los períodos prolongados de restricción calórica redujeron las hormonas tiroideas T3 y T4; sin embargo, estas disminuciones no se produjeron con un cambio en la TSH (Tabla 1), lo que sugiere que las hormonas T3 y T4 más bajas pueden representar un nuevo metabolismo basal "normal".

De igual forma, hubo una disminución inicial de la insulina en ayunas en el grupo de restricción calórica al final del año 1, un fenómeno que desapareció al final del año 2 y los niveles de insulina volvieron a la normalidad (Tabla 1).

En cuanto a los niveles de leptina, como se esperaba, se redujeron modestamente por la restricción calórica en el primer año, y luego se mantuvieron hasta el segundo año (Tabla 1).

Marcadores de salud
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Tabla 1. Efectos sobre marcadores de salud de unas dieta sin control vs. dieta con restricción calórica a lo largo de dos años (Redman et al., 2018).

¿Qué podemos aprender de esta investigación a medio plazo (2 años)?

Presentados los resultados más importantes, es hora de preguntarse qué podemos aprender realmente de este estudio.

Este estudio no es el primero en realizar un estudio de pérdida de peso a largo plazo. Sin embargo, es una de las intervenciones de restricción calórica más largas hasta la fecha con un control estricto y mediciones sólidas de la composición corporal, el gasto de energía y los datos de cambios hormonales. Por eso lo hemos seleccionado.

La restricción de calorías que da como resultado la pérdida de peso conduce a una reducción del gasto energético cuando no se ajusta aumentando deliberadamente la actividad física.

Además, cuando se está en déficit, se tiende a tener menos energía para actividades del día a día, y se acaba reduciendo el gasto energético total (compensación energética).

Esta es una de las características distintivas de la restricción calórica y la pérdida de peso; y se observa en casi todos los estudios con una pérdida de peso apreciable (revisión).

Si bien esto indica una desaceleración del metabolismo general, es difícil concluir que esta reducción en el metabolismo general aumentará la esperanza de vida o reducirá el envejecimiento general de los seres humanos en un grado significativo.  

Metabolismo ralentizado y esperanza de vida

La idea de que los metabolismos más lentos aumentan la longevidad se basa en un conjunto de literatura que ha crecido a lo largo de las décadas, pero existen razones fundamentales para pensar que esto es demasiado simplista.

Sin entrar en un análisis exhaustivo de las diversas teorías explicativas del metabolismo, podemos decir que la mayoría de intervenciones han observado que los individuos más pequeños con tasas de metabolismo más altas viven más que sus congéneres más lentos y grandes. 

Una adición a estas confusas observaciones ha sido la sugerencia reciente de que, en algunas circunstancias, podríamos esperar que las mitocondrias produzcan menos radicales libres cuando el metabolismo es más alto, particularmente cuando están desacopladas (revisión).

Estas nuevas ideas sobre la forma en que las mitocondrias generan radicales libres en función del metabolismo arrojan algo de luz sobre la complejidad de las observaciones que relacionan el tamaño corporal, el metabolismo y la esperanza de vida.

En pocas palabras, no existe una relación directa y clara que sugiera que una tasa metabólica más lenta aumente la longevidad y disminuya el envejecimiento.

En algunos casos, una tasa metabólica más alta aumenta la longevidad, posiblemente a través del desacoplamiento de las mitocondrias, pero eso es una hipótesis no confirmada.

Además, los datos de este artículo de Redman y cols. (2018) que muestran que la función tiroidea está regulada a la baja tampoco nos dice mucho sobre el envejecimiento o la longevidad. 

Un nivel de tiroides basal más bajo solo significa, una vez más, que el metabolismo se ralentiza. Esto podría indicar que si la persona no mantiene una restricción calórica sustancial a largo plazo, es más probable que acumule grasa corporal a medida que envejece debido a una tasa metabólica general en reposo y niveles de actividad física más bajos.

Por otro lado, los datos meta analíticos de estudios preclínicos y ensayos clínicos han demostrado que la restricción calórica tiene un amplio espectro de beneficios para muchas condiciones de salud, como obesidad, diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares, cánceres y trastornos neurológicos (Tabla 2).

Respuestas a largo plazo
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Tabla 2. Respuestas a largo plazo de marcadores de salud como consecuencia de una reducción de la ingesta de energía mediante restricción calórica diaria.

La mayoría de estos estudios clínicos se han centrado principalmente en adultos jóvenes y de mediana edad con sobrepeso, y no podemos generalizar a otros grupos de edad los beneficios porque, evidentemente, alguien con sobrepeso u obesidad que mejora sus hábitos alimenticios y los mantiene, pierde peso y mejora sus marcadores relacionados con la salud y la composición corporal, tendrá más esperanza de vida que él mismo sin haber adquirido esos hábitos ni haber perdido peso.

Sin embargo, la única forma de comprobar de forma fiable si la restricción calórica podría alargar la vida de los seres humanos sería mediante un ensayo de intervención a muy largo plazo y siguiendo una dieta saludable por parte de ambos grupos, el de control y el de restricción. 

Que sepamos, ese ensayo no se ha terminado nunca, y aunque es muy difícil que se termine finalizando como para ofrecer resultados esclarecedores por su evidente complejidad y los problemas éticos que generaría, algunos grupos de investigación lo están intentando.

Resumen y conclusiones

La histórica convicción de que la restricción calórica aporta ventajas para la salud se apoya en justificaciones parcialmente comprobadas en humanos o totalmente comprobadas en animales y extrapoladas a las personas. 

Por tanto, con diversos matices, podemos concluir que aunque los resultados previos son prometedores, hay que seguir investigando antes de lanzarse a hacer recomendaciones generales. 

Evidentemente, mantenerse en un buen estado de salud, con los indicadores en rangos aceptables, siempre será potencialmente mejor que salirse de ellos, por lo que sí por culpa de un exceso de calorías, algunos de esos marcadores están fuera de rango, entonces la restricción calórica sí podría ser una estrategia útil para aumentar la longevidad.

Así que, afirmar con certeza que la restricción calórica aumenta la longevidad es, a día de hoy, un riesgo innecesario.

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