¿Para qué sirve la fuerza en el fútbol?

Redacción Fit Generation
Redacción Fit Generation

En esta clase vamos a tratar la fuerza identificando las demandas del juego en el partido, clasificando las acciones que realiza el jugador así como aquellas que son más determinantes en el resultado, desarrollándolas y viendo cómo podemos incidir en mejorarlas para que se consiga aumentar el rendimiento.

Todo lo que debes saber sobre la fuerza en el fútbol.

Objetivos de la clase

  1. Objetivo principal: Identificar las manifestaciones de la fuerza en un partido de fútbol.
  1. Objetivos secundarios: Conocer las acciones más determinantes en un partido de fútbol. Aprender a enfocar el entrenamiento hacia la mejora de esas acciones.

Demandas del juego

En el fútbol, como pudimos ver en la primera clase, se compite durante 2 partes de 45 minutos, con un descanso de 15 minutos, en su máxima expresión, el partido. Para comprender como entrenar en el fútbol, primero debemos conocer que es lo que debemos mejorar, y es aquí donde encontramos las demandas del juego.

Para ello utilizamos el análisis de las demandas de la competición mediante la recogida de datos para cuantificar el rendimiento físico de los jugadores de fútbol (Carling et al., 2008).

Las tecnologías que se utilizan para ello son muy diversas, pero se centran en la recolección de datos a nivel estadístico, cuantificando las acciones y situaciones, sistemas como AMISCO o Pro-zone o la tecnología GPS, y el actual y probablemente futuro del análisis, el Big Data.

Para centrarnos en lo que sucede durante un partido, vamos a ver que se demanda a nivel físico en el jugador, y después que es lo que ocurre a nivel fisiológico.

Demandas físicas

La fuerza muscular a corto plazo se ha vuelto crucial en muchas situaciones de juego y los entrenadores buscan continuamente maneras de optimizar el desarrollo físico de los jugadores. Durante un partido de fútbol, es común que un jugador participe en numerosos movimientos explosivos, entre los cuales podemos destacar entradas o tackles, disputas de balón aéreo, golpeos de balón frecuentes y cambios de ritmo y dirección (Stolen et al., 2005).

Además, sabemos que aproximadamente cada 90 segundos hay un sprint de 2-4 segundos (Bangsbo et al., 1991); y aunque solo el 3% de un partido sea realizando sprints, lo cual representa entre el 1-11% de la distancia recorrida durante un partido (Stolen et al., 2005), es una cualidad física extremadamente importante a desarrollar. Esto se debe a que los momentos más cruciales de un partido, como anotar un gol, ganar la posesión del balón o asistir goles, dependen en gran medida de la capacidad del atleta para realizar movimientos explosivos de alta velocidad (Reilly 2000).

Se ha descubierto que los jugadores de élite de fútbol masculino se desplazan de 10 a 13 km durante el juego, dependiendo de la función del equipo, el estado nutricional y la capacidad aeróbica (Bangsbo et al., 2005). De entre estos kilómetros, 10 o más lo hacen a intensidad baja o moderada (3 km andando, 3 km trote suave, 2,5 km baja vel, 1,5 km vel moderada) y alrededor de 2 km a alta intensidad, (0,7-1km alta vel., 0,5 km sprint, 0,2 km hacia atrás), dependiendo de la posición en el campo varía la distancia recorrida y la intensidad de la misma (Bangsbo et al., 2005).

Comparando los 5 puestos específicos más comunes en fútbol, parece estar claro que los centrocampistas interiores y de banda son los jugadores que más distancia total recorren por partido (Bradley et al., 2009, Wisloff, 2004; 1998). La mejora en la capacidad aeróbica aumenta la distancia recorrida, la intensidad de juego, el número de sprints y la participación de la pelota durante el juego.

Estos hallazgos resaltan algunas de las ventajas de una alta capacidad aeróbica en el fútbol cuando se relacionan con el rendimiento. La capacidad de producir un esfuerzo explosivo es tan importante como la capacidad aeróbica para tener éxito en el fútbol (Stolen et al., 2005).

Las acciones decisivas del juego implican la realización de gestos en los que la fuerza explosiva, además de la técnica, tiene una gran trascendencia (Tous, 2016).

Durante un partido, los jugadores profesionales de fútbol realizan alrededor de 50 giros, incluyendo contracciones forzadas para mantener el equilibrio y el control de la pelota contra la presión defensiva.

Por lo tanto, la fuerza y la potencia comparten importancia con la resistencia en el juego de fútbol de alto nivel. La potencia es, a su vez, fuertemente dependiente de la fuerza máxima, un aumento en la fuerza máxima implica una mejora en la fuerza relativa y, por lo tanto, una mejora en las habilidades de potencia.

También se ha observado una relación significativa entre una repetición máxima (1RM) y aceleración y velocidad de movimiento. Por lo tanto, a través del razonamiento inductivo, aumentar la fuerza de contracción muscular disponible en los músculos o grupos musculares apropiados puede aumentar la aceleración y la velocidad en las habilidades críticas para el fútbol, como girar, correr y cambiar de ritmo.

Demandas fisiológicas

Analizando toda la actividad que tiene el jugador durante un partido concluimos que el rendimiento del futbolista, fisiológicamente, depende del sistema neuromuscular.

Esto podemos observarlo en paradas repentinas, aceleraciones, cambios de dirección, saltos, giros, desplazamientos en todas las direcciones, acompañados de acciones técnico- tácticas que le dan sentido a la manifestación de la fuerza (acciones de 1×1 en defensa y en ataque, pases en corto, pases en largo, desmarques de ruptura y de apoyo, desdoblamientos, repliegues, etc.).

Debido a las características específicas del fútbol, durante un partido los sistemas energéticos aeróbico y anaeróbico son solicitados conjuntamente en los jugadores de fútbol (Bangsbo et al., 2005).

Estas acciones físico-técnico-tácticas serán eficaces durante el juego si las propiedades musculares del jugador se entrenan de forma adecuada y de esta manera, dichas propiedades se encuentren en condiciones funcionales excelentes (Domínguez, 2014).

En el fútbol, los jugadores realizan un trabajo completamente intermitente. A pesar de que los jugadores realizan actividades de baja intensidad en más del 70% del juego, las mediciones de frecuencia cardíaca y temperatura corporal sugieren que el consumo promedio de oxígeno para los jugadores de élite es alrededor del 70% del consumo máximo de oxígeno (VO2max) (Hoff, 2004).

Parece existir un umbral (60 mL/kg/min) por debajo del cual es difícil alcanzar niveles elevados de rendimiento (Reilly et al., 2000). Esto puede explicarse en parte por las aproximadamente 150-250 acciones breves e intensas que realiza un jugador de alto nivel durante un partido (Stolen et al., 2005) , que también indican que las tasas de utilización de fosfato de creatina (CP) y la glucólisis son frecuentemente altas durante el juego.

El glucógeno muscular es probablemente el sustrato más importante para la producción de energía, y la fatiga hacia el final de un juego puede estar relacionada con el agotamiento de glucógeno en algunas fibras musculares. Los niveles de ácidos grasos libres en sangre (FFA) aumentan progresivamente durante el juego, compensando parcialmente la disminución progresiva del glucógeno muscular.

La fatiga también parece ocurrir temporalmente durante un juego, pero aún no está claro qué causa la reducción de la capacidad de rendimiento máximo.

Hay grandes diferencias individuales en las demandas físicas de un jugador durante un partido relacionado con la capacidad física y el rol táctico en el equipo. Estas diferencias deben tenerse en cuenta en el entrenamiento y las estrategias nutricionales para un jugador de primera clase, que tiene un requerimiento significativo de consumo de energía durante una semana.

El valor de frecuencia cardiaca media (FCmed) durante el juego es entre 160-170 ppm, mostrando al sistema aeróbico como el principal sistema en la obtención de energía durante un partido de fútbol (Bansgbo et al., 2001). Durante un partido el porcentaje de frecuencia cardiaca máxima (FCmáx) que se alcanza está cerca del umbral anaeróbico, normalmente entre 80-90% de FCmáx (Hoff, 2004) aunque con picos que pueden llegar hasta el 98% (Bangsbo et al., 2005).

El Umbral Anaeróbico, que representa la intensidad máxima de ejercicio que puede ser mantenida en el tiempo y sin acumulación continua de lactato, se encuentra en futbolistas entre el 76.6-90.3% de su FCmáx (Stolen et al., 2005).

Antropométricamente, un futbolista tiene una altura media de 167-190 cm, una masa corporal entre 75-80 kg y un porcentaje de grasa corporal cercano al 10%, aunque estos valores varían entre puestos específicos (Reilly et al., 2000).

Manifestaciones de la fuerza en fútbol

Dependiendo de la especificidad de las tareas y acciones que realicemos, podemos dar lugar a una manifestación de la fuerza en el jugador, puesto que la intensidad de las mismas estará condicionada por todos los factores que actúan en el contexto del juego atendemos a una breve clasificación en función de la integración de la tarea o acción en el juego partiendo de lo más general a lo específico.

Manifestaciones de la fuerza en fútbol
¿Para qué sirve la fuerza en el fútbol? 3

Tabla 1. Manifestaciones de la fuerza en fútbol según los niveles de especificidad. (Adaptado de Dominguez, 2014)

Conociendo que la fuerza se manifiesta dentro del juego de formas muy variadas y a la vez complejas pasamos a su clasificación, la cual podemos observar en el gráfico 1.

Manifestaciones de la fuerza en fútbol
¿Para qué sirve la fuerza en el fútbol? 4

Gráfico 1. Manifestaciones de la fuerza en fútbol (Martín Acero, 1998)

Desplazamiento

Podemos observar que la actividad motriz más importante en el campo es la carrera, con sus variantes en el desplazamiento desde baja a moderada y alta intensidad, duración corta o larga, aceleraciones y desaceleraciones, cambios de dirección, cambios de ritmo, carrera marcha atrás, con balón, sin balón y multitud de combinaciones según el contexto de la acción, que vendrá condicionada por la situación táctica y lo que influye en ella (balón y su posición en el campo, portería, adversarios, compañeros, tu posición respecto al balón y todo lo demás, rol defensivo y ofensivo, etc…) (Bangsbo et al. 1991).

Desplazamientos de Alta Intensidad

Los desplazamientos más rápidos y explosivos son los más determinantes, produciéndose cerca del balón.

Las acciones de juego que determinan el resultado final tienen una duración corta de 3 a 6 seg (Bradley et al. 2009).

Existe una relación directa entre el rendimiento en desplazamientos a alta velocidad, por encima de los 19-20 Km/h (submáxima), los desplazamientos a máxima intensidad o sprint por encima de los 22 Km/h, y las manifestaciones reactivas de la fuerza (explosiva-elástica y explosivo-elástica-reactiva), observando que por debajo de estas velocidades no existe una participación neuromuscular relevante.

Las acciones de sprint (5-20 metros) que implican la capacidad de aceleración, parece tener una relación estrecha con los niveles de fuerza explosivo-elástica, mientras que distancias más largas (30-40 metros) la capacidad de acelerar y mantener dicha velocidad depende de los valores de fuerza explosivo-elástica-reactiva (Martín Acero, 1994; Young et al, 2001)

Aceleración

Es el desplazamiento que realizan los jugadores iniciando desde parado o en ligero movimiento.

Esta se relaciona directamente con la fuerza máxima dinámica y la fuerza explosiva en el “momentum” de arrancada. Cuando el jugador se encuentra en velocidad se manifiesta más la fuerza explosiva elástica y a más distancia, la fuerza explosiva elástico-reactiva (Domínguez, 2014).

Desaceleración

Existen muchas acciones en las que el futbolista tiene que reducir su velocidad en una distancia determinada y en tiempos muy cortos con una demanda excéntrica, para realizar una acción técnico-táctica de forma correcta (Dominguez, 2014).

Esta se considera muy importante, puesto que, si el jugador es capaz de frenar de forma eficiente, puede mantener su velocidad elevada durante más metros y reducirla muy rápidamente, dándole ventaja sobre aquellos que no estén entrenados.

Combinación de aceleraciones-desaceleraciones

Mayoritariamente el futbolista combina cambios de ritmo y dirección con arrancadas y frenadas, saltos, giros bruscos y golpeos. Aquí es donde se manifiesta la Resistencia a la Fuerza-Velocidad, determinante para conseguir ejecutar estas acciones durante todo el encuentro (Bradley et al. 2009).

Cambios de dirección

Los cambios de dirección realizados de forma intermitente y combinada en el terreno de juego demandan una gran fuerza de la musculatura del tren inferior.

Para realizar estos cambios de dirección de un modo eficaz es necesario bajar el centro de gravedad para aplicar de forma rápida las fuerzas laterales. La fuerza elástica reactiva tiene una moderada relación con la velocidad en los cambios de dirección laterales y no con la potencia del tren inferior (Tous, 2003; Young et al, 2001).

Salto

La capacidad del salto tiene una gran importancia dentro del resultado y rendimiento en fútbol, ya que se manifiesta en la mayoría de disputas aéreas, y estas disputas son en mayor medida determinantes en el partido, puesto que se suelen dar en acciones de balón parado (Saques de esquina, saques de meta y faltas) muchas de ellas en zonas de finalización dentro del área, donde puede acabar en gol.

Lógicamente, este tipo de acciones suele ser más realizadas por algunos jugadores debido a su posición en el campo, pudiendo variar de 4 a 5 saltos en caso de mediocentros, laterales, e interiores, y entre 8 y 9 si hablamos del delantero o el defensa central (Bangsbo, 1991).

Los saltos se relacionan de forma directa con la fuerza máxima dinámica, la fuerza explosiva, la fuerza explosivo-elástica y sólo en el caso de realizar repetidamente dos o más saltos exigiría de la fuerza explosivo-elástica-reactiva (Domínguez, 2014).

Sabiendo de la importancia del contexto de la acción, podemos decir que independientemente de la cantidad de fuerza que pueda generar el jugador, es más importante como la aplica con relación a las distintas variables que actúan en la misma. No por saltar más vas a saltar mejor, el jugador inteligente que mide tiempo y espacio de forma correcta será el que consiga utilizar sus recursos de forma eficiente.

Golpeo o chut

El golpeo de balón o chut es la acción más determinante por excelencia, puesto que nos ayuda a desplazar el balón hasta llevarlo dentro de la portería contraria. El jugador realiza en un partido, por término medio, en torno a 50-70 golpeos de balón (Ekbloom, 1999).

Respecto a la aplicación de fuerza en los golpeos, podemos distinguir que hay situaciones con poca fuerza como en los pases cortos y medios, y situaciones con alta aplicación de fuerza como los pases largos, centros, tiros a portería, despejes… Tiene una gran importancia la coordinación del gesto, así como una correcta aplicación de la fuerza al golpe con el balón, ya que implicará que este consiga una mayor velocidad.

Para realizar un golpeo, el jugador de fútbol implica la musculatura de la articulación de la cadera, muslo, pierna y pie antes de que este contacte con el balón por medio de una coordinación intermuscular, teniendo gran importancia los extensores de rodilla y seguidamente cadera.

Fases del golpeo: (Lees & Nolan, 1998)

Fase de aproximación: Se caracteriza por la carrera del jugador en dirección al balón, en pases cortos y medios no suele existir.

Fase de preparación: Estabilización del pie y la pierna de apoyo a la altura del balón. Fase fundamental de equilibrio con una gran implicación isométrica y excéntrica para poder transferir la fuerza hacia la pierna de golpeo.

Se activa el glúteo medio en el apoyo y el recto anterior en la flexión de cadera, el tríceps sural realiza una contracción isométrica para dar mayor estabilidad al movimiento.

El pie contacta el suelo con el talón y se encuentra en flexión dorsal, trabajando el tibial anterior. La rodilla de la pierna de apoyo se flexiona unos 26º en el momento de contacto del pie con el suelo y permanece flexionada durante toda la duración de la patada, se flexiona a 42º en el momento que la otra pierna contacta con el balón (Lees et al., 2010).

La flexión de la rodilla continúa durante más tiempo para absorber el impacto del aterrizaje. En este momento la pierna de golpeo se extiende en la cadera y flexiona la rodilla cargándose.

Fase de ejecución: Extensión de cadera y aceleración de la pierna de golpeo. En esta tercera fase se diferencian dos sub-fases:

Fase de “back-swing o armado”: Coincidiendo con la extensión de la rodilla de la pierna de apoyo y la consecuente transferencia del peso hacia delante, en la dirección del apoyo, el jugador extiende la cadera, la cual está mucho más retrasada con respecto al tronco, siendo el glúteo mayor el agonista de este movimiento y con la ayuda de los isquiosurales se permite flexionar la rodilla a su vez sobre la cadera.

Fase de “swing” (aumento de la velocidad angular): En esta subfase se inicia el movimiento hacia delante rotando la pelvis sobre la pierna de apoyo, llevando el muslo hacia delante mientras la rodilla continúa flexionándose hasta que comienza la extensión de rodilla por la contracción concéntrica del cuádriceps.

Es muy importante una correcta coordinación entre agonistas, sinergistas y antagonistas, para frenar la extensión de cadera y el avance de la rodilla en el momento del golpeo, de forma que el cuádriceps encuentre un punto de apoyo estable sobre el que ejercer su fuerza.

El futbolista necesita de altos valores de fuerza explosivo-elástica en toda la musculatura de la pierna que participa en el golpeo, especialmente flexores de cadera (psoas ilíaco, recto anterior) y extensores de rodilla (cuádriceps).

También se ha puesto de manifiesto un incremento en la eficacia de la musculatura extensora de la rodilla a nivel muscular a la hora de contraerse para el golpeo, debido a un preestiramiento mayor de los extensores de la rodilla y un tiempo de acoplamiento menor entre las fases excéntrica y concéntrica (Gutiérrez y Soto, 1992).

Fase de Desaceleración: Es la fase de golpeo en la que se desacelera el muslo, activando los isquiosurales y los extensores de cadera hasta que el pie impacta en el balón. Aquí los isquiosurales se activan excéntricamente para prevenir la hiperextensión de la rodilla.

El contacto final se realiza con una flexión dorsal colocando el empeine por debajo y ligeramente lateral al balón.

En ocasiones, el futbolista necesitará además de una aplicación de fuerza en otros grupos musculares como el grupo aductor, especialmente en golpeos con el interior del pie.

Además, habrá que considerar que, en otros gestos técnicos como el control del balón, las solicitaciones de fuerza se orientan a un régimen isométrico y excéntrico, aspectos que no siempre se atienden con la debida atención en el entrenamiento de fuerza del futbolista (Domínguez, 2014).

Lucha o contacto

La lucha o contacto se da en acciones en las que sucede una disputa por parte de dos o más jugadores, de forma que se produce un forcejeo corporal para ganar la disputa. Suelen ser situaciones como la protección del balón, las cargas, entradas, desmarques, lucha por ganar la posición, etc.

Se suelen dar en espacios reducidos y situaciones cercanas a balón o en las que pueda tener influencia. En la estrategia de las acciones a balón parado suele ser una acción fundamental tanto por el jugador que ataca como por el que defiende.

En estas existe una alta demanda tanto de la musculatura de tren superior como de inferior. En numerosas acciones es necesario mantener el cuerpo estable y tener la habilidad de mantener o retornar el estado de equilibrio donde toma especial importancia el core (estabilizadores primarios: multifidus, oblicuo abdominal interno y transverso, erectores espinales, cuadrado lumbar, oblicuo externo y recto anterior) (Domínguez, 2014).

Para ello es necesario diseñar tareas en condiciones inestables o con similitudes mecánicas con los gestos específicos como medio parar mejorar la eficiencia de las acciones específicas y controlar la postura durante ejercicios con bases de sustentación reducidas ante los choques, golpes o entradas que se producen en las acciones de juego (Anderson and Behm, 2005).

¿Quieres ser entrenador personal o dietista?

¿Quieres ser personal trainer y trabajar legalmente de ello? Descubre la nueva forma de ser entrenador personal pulsando aquí.

¿Quieres trabajar en el sector de la nutrición? Descubre la nueva forma de ser dietista en 2023 pulsando aquí.

Bibliografía del artículo

  • Anderson, Kenneth & Behm, David. (2005). Trunk Muscle Activity Increases With Unstable Squat Movements. Canadian journal of applied physiology. 30. 33- 45. 10.1139/h05-103.
  • Bradley et al . (2009). High-intensity running in English FA Premier League soccer matches, Journal of Sports Sciences; 27(2): 159–168.
  • Bangsbo, J.; Norregaard, L. and Thorso, F. (1991). Activity profile of competition soccer. Canadien Journal of Sports Science, 16, 110-116
  • Bangsbo, J. (2001). Entrenamiento de la condición física en el fútbol. Barcelona: Paidotribo.
  • Bangsbo, J. (2005). ”Aerobic and Anaerobic Training in Soccer – With Special Emphasis on Training of Youth Players. Fitness Training in Soccer I”. pp. 1- 225, HO+Storm, Bagsvaerd, Denmark.
  • Bompa, T. (2003). Periodización, Teoría y metodología del entrenamiento deportivo.
  • Paidotribo. Barcelona.
  • Brockett, C.L., Morgan, D.L., & Proske, U. (2004).Predicting hamstring strain injury in elite athletes. Med Sci Sports Exerc. 36(3):379-387, 2004.
  • Casáis, L. (2008). Revisión de las estrategias para la prevención de lesiones en el deporte desde la actividad física. Apunts Med Esport. 43:30-40.
  • Carling, C., Bloomfield, J., Nelsen, L. and Reilly, T (2008). The Role of Motion Analysis in Elite Soccer.Contemporary Performance Measurement Techniques and Work Rate Data, Sports Med; 38 (10): 839-862.
  • Croisier, J.L., Ganteaume, S., Binet, J., Genty, M., & Ferret, J.M. (2008).Strength imbalances and prevention of hamstring injury in professional soccer players: a prospective study. Am J Sports Med. 36(8):1469-1475.
  • Currell, K., Conway, S., & Jeukendrup, A. E. (2009). Carbohydrate ingestion improves performance of a new reliable test of soccer performance. International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism 19, 34-46.
  • Dominguez, E. (2014). Metodología del entrenamiento de la fuerza en el fútbol: Bloque específico. VII Máster Universitario en Preparación Física en Fútbol. Madrid.
  • Ekbloom, B. (1999). Futbol. Manual de las Ciencias del entrenamiento. Barcelona: Paidotribo.
  • Gonçalves, B, Coutinho D, Santos S, Lago-Penas C, Jiménez S, Sampaio J (2017) Exploring Team Passing Networks and Player Movement Dynamics in Youth Association Football. PLoS ONE 12(1): e0171156. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0171156.
  • Gutierrez, M y Soto,V. M. (1992). Análisis biomecánico de la cadena cinética implicada en el golpeo en el fútbol con el empeine del pie. Archivos de medicina del deporte, Vol IX, 34.
  • Hoff J, Helgerud J. (2004). Endurance and strength training for soccer players: physiological considerations. Sports Med. 34: 165-180.
  • Lees, A. (1996). Biomechanics applied to soccer skills. In: Science and Soccer. Ed: Reilly, T. London: E & FN Spon. 123-133.
  • Lees, A. and Davies, T. (1988) The effects of fatigue on soccer kick biomechanics (abstract). Journal of Sports Sciences 8, 156-157. Lees, A. and Nolan, L. (1998).The biomechanics of soccer: A review. Journal of Sports Sciences 16, 211-234.
  • Lees, A; Asai,T.B; Andersen, H.; Nunome & Sterzing, T (2010). The biomechanics of kicking in soccer: A review. Journal of Sports Sciences, 28(8), 805–817.
  • Martín Acero, R. (1998). Importancia y lugar de la fuerza en los deportes de equipo.
  • Training futbol, 28, 32-40.
  • Reilly, T., Bangsbo, J., & Franks, A. (2000). Anthropometric and physiological predispositions for elite soccer. Journal of sports sciences 18, 669-683.
  • Roecker K, Mahler H, Heyde C, Röll M, Gollhofer A (2017) The relationship between movement speed and duration during soccer matches. PLoS ONE 12(7): e0181781. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0181781
  • Seirul·lo, Francisco (2002). La preparación física en deportes de equipo. Entrenamiento estructurado. Valencia.
  • Soler, J. (2008). Teoría del entrenamiento deportivo. Sicropat Sport. Barcelona. Stolen, T., Chamari, K., Castagna, C, & Wisloff, U. (2005). Physiology of Soccer: An
  • Update. Sports Medicine, 35(6): 501-536.
  • Strudwick, T. (2016). Soccer Science. Human Kinetics. Champaign, IL. Tous, J. (1999). Nuevas tendencias de fuerza y musculación. Ergo. Barcelona.
  • Tous, J., Gonzalo, O., Arjol, J.L. & Tesch, P. (2016). Enhancing change-of-direction speed in soccer players by functional inertial eccentric overload and vibration training. International Journal of Sports and Physiology Performance. 11(1):66-73.
  • Vescovi, J. et al. (2006). Journal of Sports Medicine and Physical Fitness, 46: 221-226.
  • Vestberg T, Reinebo G, Maurex L, Ingvar M, Petrovic P (2017) Core executive functions are associated with success in young elite soccer players. PLoS ONE 12(2): e0170845. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0170845
  • Wisloff U, Castagna C, Helgerud J, Jones R, Hoff J. (2004) Strong correlation of maximal squat strength with sprint performance and vertical jump height in elite soccer players. BrJSports Med. 38: 285-288
  • Wisloff U, Helgerud J, Hoff J. (1998). Strength and endurance of elite soccer players.
  • MedSci Sports Exerc. 30: 462-467.
  • Young WB, McDowell MH, Scarlett BJ. (2001) Specificity of sprint and agility training methods. J Strength Cond Res.15:315–31.

📝 A fecha de: 15-03-2018

Artículos relacionados
Lee nuestras últimas publicaciones
Entrenamiento Búlgaro

Manual de entrenamiento búlgaro

Ésta es una guía simple sobre cómo implementar el Método Búlgaro para Powerlifting. En ella, analizaremos brevemente el porqué de este sistema: Por qué entrenar con alta frecuencia puede ser

Leer más »