Resistance training for migraine in females: mechanistic review of hormonal, CGRP, autonomic, vascular and nociceptive pathways
RESUMEN DIVULGATIVO
El entrenamiento de fuerza frente a la migraña femenina
La migraña es una de las principales causas de discapacidad en el mundo y afecta de manera desproporcionada a las mujeres.
Esta prevalencia está vinculada a las fluctuaciones hormonales (especialmente los estrógenos) y a la sensibilidad del sistema trigeminovascular y del péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP).
Aunque los fármacos anti-CGRP han transformado el tratamiento, se buscan alternativas no farmacológicas complementarias. Recientemente, el entrenamiento de fuerza ha surgido como una de las intervenciones más eficaces para reducir la frecuencia de los ataques.
La vulnerabilidad hormonal femenina
La mayor susceptibilidad en las mujeres se manifiesta tras la menarquia (primer sangrado), varía en el embarazo o la menopausia y se agrava durante la menstruación.
La hipótesis de la "retirada de estrógenos" explica que la caída brusca de estradiol en la fase lútea tardía desestabiliza múltiples sistemas: altera la señalización opioidea y de serotonina, modifica la producción de óxido nítrico y prostaglandinas, e incrementa la excitabilidad trigeminal y la liberación de CGRP. Este péptido genera vasodilatación meníngea e inflamación neurogénica.
En este contexto de vulnerabilidad, el ejercicio físico busca amortiguar estas fluctuaciones fisiológicas.
Por qué considerar el entrenamiento de fuerza
Históricamente, el ejercicio aeróbico moderado ha sido la opción preferida, mientras que la fuerza se observaba con cautela por el temor a que los aumentos de presión arterial o las maniobras de Valsalva desencadenaran cefaleas.
Sin embargo, la evidencia demuestra que el entrenamiento de fuerza bien estructurado y supervisado es seguro y no incrementa las crisis. Además, ofrece ventajas clínicas adicionales: preserva la masa magra y la densidad ósea, mejora la sensibilidad a la insulina y se adapta fácilmente a programas breves.
Los cuatro ejes mecanicistas de adaptación
Nuestro artículo integra la fisiopatología de la migraña con cuatro vías de adaptación activadas por el entrenamiento de fuerza:
- Regulación autonómica: La migraña se asocia con una dominancia simpática e hipoactividad vagal. El entrenamiento progresivo mejora la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV) y la sensibilidad del barorreflejo, suavizando las oscilaciones autonómicas durante el descenso de estrógenos.
- Función neurovascular y endotelial: La fuerza de intensidad moderada a largo plazo mejora la dilatación mediada por flujo y reduce la rigidez arterial, estabilizando el entorno cerebrovascular que facilita la vasodilatación dependiente de CGRP.
- Inflamación sistémica y neurogénica: El músculo en contracción actúa como un órgano secretor que libera mioquinas antiinflamatorias. Esto reduce marcadores como la proteína C reactiva, IL-6 y TNF-, disminuyendo el estado inflamatorio de bajo grado que favorece la cronificación.
- Modulación endógena del dolor: El ejercicio desencadena hipoalgesia inducida por el ejercicio (EIH) al activar los sistemas opioide y endocannabinoide. Con el tiempo, refuerza las vías inhibitorias descendentes del dolor, reduciendo la sensibilización central.
Evidencia clínica y modelo de umbral
Metaanálisis en red recientes (como los de Woldeamanuel & Oliveira, 2022, y Xie et al., 2025) señalan que el entrenamiento de fuerza (solo o combinado con ejercicio aeróbico) logra las mayores reducciones en los días de migraña al mes, superando en ocasiones al ejercicio aeróbico aislado o a fármacos como el topiramato.
El estudio propone un modelo de umbral de ataque: la migraña se desencadena cuando los estresores (caída de estrógenos, estrés, falta de sueño) superan la capacidad tampón del organismo. El entrenamiento de fuerza no bloquea directamente el CGRP, pero fortalece las reservas fisiológicas generales. Esto eleva el umbral necesario para que se inicie una crisis.
Prescripción práctica y lagunas de investigación
Para su aplicación clínica, se recomienda una pauta progresiva y supervisada de 2 a 3 sesiones semanales. Debe incluir de 6 a 10 ejercicios multiarticulares con cargas moderadas (60-80 % 1RM), previniendo la apnea y acumulando entre 300 y 600 MET-min/semana.
Durante las fases del ciclo de mayor vulnerabilidad o síntomas, se aconseja autorregular la carga en lugar de suspender la actividad.
A pesar de estos hallazgos, la certeza de la evidencia actual es baja o muy baja. Se necesitan ensayos clínicos con mayor muestra que estratifiquen por fase menstrual y midan biomarcadores directos (CGRP, HRV, función endotelial) para definir guías de prescripción precisas.


