Cómo hacer el ayuno intermitente para bajar de peso (guía de un dietista)

Publicado: 16 de septiembre de 2023
Modificado: 5 de agosto de 2026

El ayuno intermitente para bajar de peso consiste en concentrar tus comidas en una ventana horaria y ayunar el resto, siendo el 16:8 el método más sencillo para empezar. Funciona porque ayuda a comer menos calorías al día, no porque el ayuno queme grasa por sí mismo. Su ventaja es la simplicidad, no un efecto mágico.

Reloj despertador sobre un plato rodeado de verduras frescas y cubiertos, que ilustra el ayuno intermitente
Cómo hacer el ayuno intermitente para bajar de peso (guía de un dietista) 3

Como dietista, lo primero que aclaro es esto: el ayuno no adelgaza por el reloj, adelgaza por el déficit que muchas veces provoca. Aquí tienes cómo montarlo, qué dice la evidencia frente a la dieta de siempre y a quién no le conviene.

Puntos clave:
  • El ayuno intermitente adelgaza porque tiende a reducir la ingesta total de calorías, no por un efecto metabólico especial del ayuno en sí.
  • Frente a la restricción calórica continua, la pérdida de peso es similar o solo ligeramente mayor: un metaanálisis halló una diferencia pequeña a favor del ayuno (Zhang et al., 2022).
  • El método más fácil de sostener es el 16:8: 16 horas de ayuno y una ventana de 8 horas para comer, normalmente saltándose el desayuno o la cena.
  • Durante el ayuno puedes tomar agua, café e infusiones sin azúcar. No conviene a embarazadas, personas con diabetes en tratamiento, historial de trastornos alimentarios ni adolescentes.

ⓘ Sobre este contenido

Este artículo tiene fines informativos y base científica. No sustituye una pauta individualizada; si tomas medicación, tienes diabetes o alguna condición de salud, consulta con un profesional antes de empezar un ayuno.

Cómo funciona el ayuno intermitente para adelgazar

El ayuno intermitente hace perder peso porque, al reducir la franja horaria en la que comes, la mayoría de la gente acaba ingiriendo menos calorías a lo largo del día. Ese es el mecanismo real, y entenderlo evita esperar de él lo que no puede dar. No hay un botón metabólico que se active con el ayuno y funda la grasa; hay una manera de comer que, para muchas personas, facilita crear el déficit calórico que sí adelgaza.

La lógica es sencilla. Si sueles picar desde que te levantas hasta que te acuestas, cerrar la ventana de comida a ocho horas elimina de golpe el desayuno o la cena y buena parte del picoteo, y con ello caen las calorías sin necesidad de contar cada una. Es una forma de poner un límite estructural en vez de un límite de voluntad.

Eso explica por qué a algunas personas les resulta más llevadero que pesar raciones: no tienen que decidir cuánto comer en cada momento, solo cuándo. Pero también explica su límite: si en esas ocho horas comes tanto o más de lo que comerías en todo el día, no hay déficit y no hay pérdida de peso. El ayuno crea la oportunidad de comer menos; no garantiza que la aproveches.

Los principales métodos y cómo empezar

Existen varias formas de hacer ayuno intermitente, y todas comparten la misma idea: alternar periodos de comida con periodos de ayuno. Para quien empieza, la recomendación sensata es ir de menos a más, dejando que el cuerpo y la rutina se adapten en lugar de saltar al método más exigente el primer día.

El método 16:8, el más fácil para empezar

El 16:8 es el punto de entrada más cómodo y el que mejor se sostiene en el tiempo. Consiste en ayunar 16 horas y concentrar todas las comidas en una ventana de 8 horas. En la práctica, la mayoría lo consigue saltándose el desayuno y comiendo, por ejemplo, entre las 12 del mediodía y las 8 de la tarde, o al revés, adelantando la cena y saltándose la última comida del día.

La clave para empezar sin sufrir es no pasar de golpe de comer a todas horas a una ventana de 8 horas: puedes arrancar con 12 horas de ayuno, que es casi lo que haces al dormir, e ir estrechando la ventana media hora cada pocos días hasta llegar a las 16.

Ese ajuste progresivo evita el hambre brusca y los mareos de los primeros intentos mal planteados, y hace que el hábito se instale en lugar de abandonarse a la semana.

El 5:2 y otros formatos

El 5:2 propone comer con normalidad cinco días a la semana y reducir mucho la ingesta (en torno a 500 a 600 kcal) los otros dos días no consecutivos. Otros formatos más exigentes, como el ayuno en días alternos o el llamado "comer, parar, comer" (un ayuno completo de 24 horas una o dos veces por semana), aumentan la dificultad y no han demostrado ser superiores para perder peso.

Para la mayoría de las personas que buscan adelgazar, estos métodos no aportan una ventaja sobre el 16:8 y sí una probabilidad mayor de abandonarlos por lo duros que resultan. La regla práctica es elegir el método que puedas mantener durante meses, no el que suene más intenso, porque en la pérdida de peso lo que no se sostiene no cuenta.

Qué puedes tomar sin romper el ayuno

Durante la ventana de ayuno puedes tomar cualquier bebida sin calorías, y eso incluye agua, café solo e infusiones sin azúcar. La regla es simple: lo que no aporta energía no rompe el ayuno en el sentido que importa para perder peso, que es el balance calórico del día.

El agua es la protagonista y conviene beber en abundancia, porque parte de la sensación de hambre de las primeras horas es en realidad sed y porque mantenerse hidratado ayuda a sobrellevar la ventana. El café solo y el té sin azúcar están permitidos y, de hecho, la cafeína puede reducir un poco el apetito, lo que facilita llegar a la hora de comer.

Lo que sí rompe el ayuno es cualquier cosa con calorías: un chorro de leche en el café, un zumo, un refresco azucarado, un caramelo o esos cafés con sirope que suman más calorías de las que parece. Aquí es donde mucha gente se sabotea sin darse cuenta, convencida de que "un poquito" no cuenta. Cuenta, porque activa la digestión y suma energía justo en el periodo que debería estar libre de ella.

Si dudas, la norma es fácil de recordar: si tiene calorías, no es ayuno.

Qué dice la evidencia frente a la dieta de siempre

Comparado con la restricción calórica continua (la dieta de siempre, comer algo menos cada día), el ayuno intermitente logra una pérdida de peso similar, con una ventaja que en el mejor de los casos es pequeña. Es el punto donde conviene bajar las expectativas a lo que la evidencia sostiene.

Un metaanálisis de ensayos en personas con sobrepeso y obesidad encontró que el ayuno producía algo más de pérdida de peso que la restricción continua, pero con una diferencia estadísticamente modesta y sin diferencias en el índice de masa corporal (Zhang et al., 2022).

En la misma línea, en personas con diabetes tipo 2 o síndrome metabólico, el ayuno y la dieta restringida convencional dieron un control del azúcar prácticamente igual, con una pérdida de peso ligeramente mayor con el ayuno (unos 1,7 kg de diferencia) y una seguridad comparable (Wang et al., 2021).

La lectura honesta de estos datos es que el ayuno intermitente no es superior por sí mismo, sino una herramienta más para crear un déficit. Si a ti te resulta más fácil comer en una ventana que contar calorías todo el día, esa facilidad puede traducirse en que lo cumples mejor, y ahí está su verdadero valor: en la adherencia, no en una quema de grasa especial.

Para quien prefiere el enfoque opuesto, reducir los carbohidratos, lo comparamos en el artículo sobre dietas bajas en carbohidratos.

Cómo sacarle partido de verdad

Para que el ayuno intermitente adelgace de verdad, hay que cuidar qué comes en la ventana, no solo cuándo la abres. El error más común es tratar las horas de comida como una barra libre que compensa el ayuno, y con eso se anula todo el efecto. Estas son las piezas que convierten el método en resultados.

La primera es la proteína. Repartir una buena cantidad de proteína en las comidas de la ventana (apuntando a un rango de 1,6 a 2,2 g/kg al día si entrenas) sacia más, ayuda a conservar músculo mientras pierdes grasa y evita llegar famélico a la siguiente comida.

La segunda es no atracarse: la ventana de 8 horas es para comer con normalidad, no para meter en ese hueco todo lo que no comiste antes; si al cerrar la ventana has comido tanto como en un día completo, no hay déficit.

La tercera es combinarlo con entrenamiento de fuerza, que es lo que protege el músculo cuando pierdes peso y evita que buena parte de lo que baja la báscula sea tejido magro; puedes entrenar en ayunas sin problema si te sienta bien, o en la ventana si rindes más.

Y la cuarta, la que sostiene todo lo demás, es elegir comida de calidad y saciante: verduras, proteína, fruta, cereales integrales y grasas buenas llenan más por caloría que los ultraprocesados y hacen que la ventana se cierre sola sin pasar hambre. Con estas cuatro piezas, el ayuno deja de ser solo un horario y se convierte en un método que trabaja a tu favor.

Quién no debería hacer ayuno intermitente

El ayuno intermitente no es para todo el mundo, y hay perfiles en los que directamente no conviene. Saltarse esta parte es donde una moda inofensiva puede volverse un problema de salud. No deberían hacerlo, o solo bajo supervisión profesional, las personas embarazadas o en lactancia, porque sus necesidades de energía y nutrientes no encajan con periodos largos de ayuno.

Tampoco quien tiene diabetes en tratamiento con insulina o ciertos fármacos, por el riesgo de bajadas de azúcar peligrosas durante el ayuno; en esos casos cualquier cambio de patrón alimentario debe pactarse con el médico. Está desaconsejado en personas con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, porque estructurar la comida en torno a la restricción y las ventanas puede reactivar conductas dañinas.

Y no tiene sentido en personas con bajo peso, en niños y adolescentes en crecimiento, ni en quien tiene un ritmo de vida (turnos de noche, trabajo físico intenso) que hace impracticable una ventana estable.

Para el resto de la población adulta y sana, el ayuno es una opción segura, pero incluso ahí la señal para parar es clara: si aparecen mareos persistentes, cansancio marcado, obsesión con la comida o atracones al abrir la ventana, el método no está funcionando y conviene revisarlo.

Preguntas frecuentes

¿El ayuno intermitente ralentiza el metabolismo?

Los ayunos cortos, como el 16:8, no ralentizan el metabolismo de forma relevante; el cuerpo tolera bien esas horas sin comer. La bajada del gasto energético aparece sobre todo con déficits muy grandes y prolongados, sea con ayuno o con dieta convencional, y es la respuesta normal a perder peso, no un defecto del ayuno.

¿Se pierde músculo con el ayuno intermitente?

Puede perderse algo, como en cualquier pérdida de peso, pero se minimiza con dos cosas: proteína suficiente en la ventana y entrenamiento de fuerza. Sin esas dos señales, parte de lo que baja la báscula será músculo; con ellas, el cuerpo prioriza tirar de grasa y conservar el tejido magro.

¿Cuánto peso se pierde con el ayuno intermitente?

Depende del déficit que consigas, no de las horas de ayuno en sí. En los estudios, la pérdida es parecida a la de una dieta con restricción de calorías, del orden de unos pocos kilos en varias semanas. Quien espera perder mucho más solo por ayunar suele decepcionarse, porque el ritmo lo marca el déficit, no el reloj.

¿Puedo tomar café con leche o edulcorantes durante el ayuno?

El café con leche rompe el ayuno porque la leche aporta calorías. Los edulcorantes sin calorías no lo rompen en términos de balance energético, aunque conviene no abusar de bebidas muy dulces porque pueden aumentar las ganas de comer. Lo más seguro durante la ventana de ayuno es agua, café solo o infusiones sin azúcar.

El reloj ayuda, pero no hace el trabajo

El ayuno intermitente es una buena herramienta cuando encaja con tu forma de vivir y una mala idea cuando la eliges por moda y en contra de tu cuerpo. Su gran mérito no es fisiológico, es psicológico: le pone un marco sencillo a algo que a mucha gente se le va de las manos, que es cuándo y cuánto come.

Pero ese marco solo sirve si dentro de él comes de forma que sume, y ahí es donde el método deja de ser un truco y vuelve a ser lo de siempre: comer bien, con suficiente proteína, moviéndote y creando un déficit sostenible. Visto así, la pregunta útil no es "¿cuántas horas ayuno?", sino "¿esta forma de organizar mis comidas me hace comer mejor y me la puedo permitir durante meses?".

Si la respuesta es sí, el reloj estará trabajando a tu favor. Si es no, ninguna ventana horaria va a arreglar una alimentación que no te encaja.

  1. Zhang Q, Zhang C, Wang H, et al. Intermittent Fasting versus Continuous Calorie Restriction: Which Is Better for Weight Loss? Nutrients. 2022;14(9):1781. https://doi.org/10.3390/nu14091781
  2. Wang X, Li Q, Liu Y, Jiang H, Chen W. Intermittent fasting versus continuous energy-restricted diet for patients with type 2 diabetes mellitus and metabolic syndrome for glycemic control: a systematic review and meta-analysis of RCTs. Diabetes Res Clin Pract. 2021;179:109003. https://doi.org/10.1016/j.diabres.2021.109003
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