La calculadora de zonas de entrenamiento para running te permite determinar los rangos óptimos de intensidad para mejorar tu rendimiento.

Complétala con tus datos personales y pulsa en calcular; luego, podrás leer la explicación.

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    ⬇️ Explicación e interpretación de la calculadora:

    Es probable que hayas oído hablar de las zonas de entrenamiento de resistencia si te gusta el deporte, pero no tengas del todo claro qué son, para qué sirven, cómo se calculan, etc.

    Como puedes imaginar, las diferentes zonas de resistencia indican rangos de intensidad, de menor a mayor, en los que situar tu esfuerzo mientras entrenas. Esto permitirá obtener adaptaciones diferentes en función de la zona de trabajo.

    Esta calculadora te ayuda a calcular las tuyas en función de tu frecuencia cardiaca, y a continuación te explicamos todo lo que tienes que saber para sacarle provecho a este método de programación de la intensidad de entrenamiento.

    Zonas de entrenamiento running

    ¿Qué son las zonas de entrenamiento?

    Para entender qué son las zonas de entrenamiento debemos comprender cómo responde nuestro organismo al ejercicio, y para hacerlo, es necesario hacer un breve repaso de Fisiología básica del Ejercicio.

    A lo largo de la historia, se han desarrollado diferentes procedimientos para valorar la respuesta y adaptación del organismo al mismo. De los parámetros obtenidos en una prueba de esfuerzo, los más importantes, desde un punto de vista práctico, son: el consumo de oxígeno máximo (VO2 máx.) y la transición aeróbica – anaeróbica.

    La importancia de estos dos parámetros radica en dos hechos: (1) desde el punto de vista teórico, para intentar explicar el funcionamiento del organismo en condiciones límite; (2) desde el punto de vista práctico, debido a que muchos de los fundamentos del entrenamiento se basan en conocer estos dos parámetros, entre ellos, las zonas de intensidad del entrenamiento.

    ➜ Como bien nos explican Calderón y cols. (2008), fisiológicamente, el VO2 máx. constituye el parámetro más representativo del funcionamiento global del organismo, ya que integra la función de múltiples aparatos y sistemas (sistema cardiovascular, aparato respiratorio, transporte sanguíneo de los gases y metabolismo).

    Cuando un deportista se encuentra en una situación real, intenta llevar una intensidad de ejercicio lo más próxima a su VO2 máx. Por lo tanto, adquiere especial relevancia medir cuánto es capaz el organismo de acercarse al límite del rendimiento, intentando aguantar el máximo tiempo posible. Sin embargo, parece natural pensar que el “límite fisiológico” no se pueda mantener durante mucho tiempo. Por este motivo, a lo largo de los años ha adquirido gran importancia conocer cuánto tiempo se puede sostener un ejercicio dinámico lo más próximo al VO2 máx.

    Como la capacidad para mantener un ejercicio prolongado se relaciona estrechamente con el metabolismo, los investigadores pensaron que ese límite se relacionaba con el momento en el que el metabolismo pasaba de una situación aeróbica a anaeróbica. A este momento se le conoce como transición aeróbica – anaeróbica, aunque el término utilizado de forma más habitual es el de umbral anaeróbico.

    En realidad, el término umbral supone un valor bien delimitado, como si fuera el dintel de una puerta, mientras que el término transición sugiere un camino, que se acerca más a la realidad. Además, la existencia de dos umbrales es un argumento más para que se entienda como zona y no como umbral (revisión). No obstante, a efectos prácticos y de simplificación, en esta revisión adoptaremos el término genérico de umbral anaeróbico para referirnos al segundo umbral ventilatorio (VT2).

    Todo esto lo puedes ver representado claramente en la siguiente imagen (Figura 1), donde observarás que, a medida que la intensidad del ejercicio aumenta, puede llegar un punto en el que la demanda de energía es tan alta que el cuerpo no puede suministrar oxígeno lo suficientemente rápido como para satisfacer esa demanda. En este punto, se activa el sistema anaeróbico para proporcionar energía adicional de forma rápida.

    Diferentes zonas de trabajo

    Figura 3. Diferentes zonas de trabajo en función del lactato sanguíneo, %VO2 máx. y umbrales ventilatorios.

    En realidad, esto es una manera algo simple de explicarlo, pero útil para nuestro objetivo de explicar las zonas de entrenamiento. Lo cierto es que, en muchos casos, tanto el sistema aeróbico como el anaeróbico contribuyen de manera simultánea para satisfacer las necesidades energéticas del cuerpo durante la actividad física.

    Si quieres saber más sobre el metabolismo aeróbico y anaeróbico de nuestro organismo en situaciones de estrés fisiológico, puedes visitar este artículo en el que, además, destruimos algunos mitos muy frecuentes en torno al ácido láctico y el lactato.

    ➜ El caso es que este modelo trifásico que puedes ver en la imagen anterior ha sido utilizado desde hace mucho tiempo porque representa, claramente, el transcurrir metabólico y las respuestas cardiorrespiratorias desde el reposo a la máxima intensidad y porque los entrenadores de resistencia aeróbica prefieren la intensidad de ejercicio según los umbrales aeróbicos o anaeróbicos.

    A partir de aquí, como puedes imaginar, la conversión de tres zonas en cinco zonas, que es el número de zonas más popular y sobre el que probablemente más hayas oído y leído (Z1, Z2, Z3, Z4 y Z5), puede tener sentido para ser más específicos a la hora de programar la intensidad del ejercicio y buscar adaptaciones mucho más concretas. De hecho, para fines prácticos, el modelo de tres zonas y el modelo de cinco zonas tienen puntos de anclaje de intensidad comunes alrededor del umbral de lactato (estudio, estudio, revisión) (Figura 2).

    Modelo de cinco zonas de intensidad del entrenamiento

    Figura 2. Modelo de cinco zonas de intensidad del entrenamiento superpuesto al modelo de tres zonas original.

    Seiler (2010) nos explica que esta escala de 5 zonas fue creada por la Federación Olímpica Noruega a partir de años de pruebas en esquiadores de fondo, remeros y biatletas, y que, con ellas, consiguieron buenos resultados deportivos en los Juegos Olímpicos de Invierno.

    Por lo tanto, las zonas de entrenamiento, como puedes comprobar, es una forma común de dividir la intensidad del ejercicio de resistencia aeróbica basándonos en la respuesta fisiológica del cuerpo. Estas zonas se relacionan con los umbrales ventilatorios, el comportamiento del lactato y, paralelamente, de la frecuencia cardíaca; y son útiles para planificar el entrenamiento cardiovascular.

    ¿Cómo calcular las zonas de entrenamiento?

    A lo largo de los años, numerosos investigadores se han preocupado por analizar la respuesta fisiológica de multitud de deportistas al ejercicio con el fin de establecer una relación más o menos aproximada entre las zonas de entrenamiento, el VO2 máx., la frecuencia cardiaca máxima, la frecuencia cardiaca de reserva (diferencia entre la FC máx. y la de reposo) o los niveles de lactato, entre otros parámetros.

    Por eso, instituciones reconocidas a nivel global como la Asociación Británica de Ciencias del Ejercicio y del Deporte (BASES) o el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM) se han hecho eco de esas investigaciones y han propuesto una tabla de referencia que nos sirve para calcular cada una de las zonas (Tabla 1). Eso sí, ten en cuenta que siempre hablamos de aproximaciones y no de cifras totalmente precisas, ya que para conseguirlas sería necesario hacerte un estudio exhaustivo en laboratorio a ti.

    Zonas de intensidad del entrenamiento de carrera

    Tabla 1. Zonas de intensidad del entrenamiento de carrera (BASES, 2022; ACSM, 2023). VT1: primer umbral ventilatorio, MLSS: máximo nivel de lactato en estado estable, VT2: segundo umbral ventilatorio, VO2 máx.: consumo máximo de oxígeno, VAM: velocidad aeróbica máxima, FC máx.: frecuencia cardíaca máxima, Lactato: concentración de lactato en sangre, RPE: percepción subjetiva del esfuerzo en una escala de 10 puntos.

    Esta tabla es la que utilizamos en nuestra calculadora para ofrecerte los rangos de frecuencia cardiaca que corresponden a tu caso particular, en función de los datos que hayas introducido.

    👉 Cada una de las zonas se corresponde con la siguiente descripción:

    🔵 Zona 1. Nivel de esfuerzo fácil, ritmo de recuperación

    Prepara tu cuerpo para el ejercicio y acelera la recuperación. Se suele usar para calentamientos, enfriamientos y sesiones de recuperación. Las actividades diarias como caminar, subir escaleras, ir en bicicleta al trabajo, etc. también suelen darse dentro de esta zona de intensidad.

    🟢 Zona 2. Nivel de esfuerzo moderado, ritmo medio

    Desarrolla en mayor medida la resistencia aeróbica y mejora el metabolismo de las grasas. Para crear una base aeróbica fuerte se utilizan sesiones largas de resistencia en esta zona 2.

    Mejorar tu forma física básica crea una buena base para más ejercicio y prepara tu cuerpo para una actividad de mayor intensidad. El entrenamiento a largo plazo efectuado en esta zona consume mucha energía, sobre todo de los depósitos de grasa.

    🟡 Zona 3. Nivel de esfuerzo intenso, ritmo alto

    Mejora la forma física aeróbica y el rendimiento cardiovascular. Entrenar en esta zona aumenta la capacidad de soportar esfuerzos aeróbicos prolongados en condiciones cercanas al umbral anaeróbico (VT2); y, con ello, se mejora la eficiencia en la oxidación del glucógeno.

    Además, a estas intensidades, comienza a producirse lactato en tu sistema a un ritmo algo más alto que en condiciones de menor esfuerzo, pero tu cuerpo aún puede eliminarlo completamente.

    🟠 Zona 4. Nivel de esfuerzo muy intenso, ritmo muy alto

    En esta zona comienza a acumularse lactato a un ritmo importante, pero los esfuerzos todavía son sostenibles, particularmente en el caso de atletas entrenados. Es el umbral de lo que consideramos entrenamiento de alta intensidad.

    El entrenamiento en la zona 4, mejora la tolerancia al lactato y la eficacia de tu organismo para utilizarlo como fuente de energía, por lo que te prepara para esfuerzos con ritmos próximos a los que puedas llevar verdaderamente en una carrera.

    Este nivel desarrolla tu forma física con rapidez y eficacia, pero si se hace con demasiada frecuencia o intensidad, puede llevar al sobreentrenamiento. Ya debes considerar programarlo con cierta cautela.

    🔴 Zona 5. Nivel de esfuerzo máximo, ritmo máximo

    Mejora tu rendimiento anaeróbico de alta intensidad. Estos esfuerzos son muy intensos y deberían ser más bien cortos, principalmente porque el lactato se acumula en tu sistema con mucha más rapidez de la que puede eliminarse.

    Esto significa que podrías hacer, probablemente, entre 400 y 600 metros a máxima intensidad, al inicio de la zona 5 (94% FC máx.), y 50 – 100 metros a máxima intensidad al final de dicha zona (100% FC máx.).

    Los atletas incluyen estos entrenamientos de máxima intensidad en su programa de entrenamiento de forma muy controlada. Si te ejercitas para mejorar tu forma física y permanecer saludable, no necesitas entrenarte en esta zona, pero si quieres llegar a mejorar tu máximo rendimiento, sí que es interesante trabajar de manera bien programada a esta intensidad.

    Rendimiento anaeróbico de alta intensidad

    Limitaciones al uso de las zonas de entrenamiento por frecuencia cardiaca

    El uso de las zonas de entrenamiento tomando como referencia la frecuencia cardiaca puede ser útil cuando hablamos de mejoras de la salud sin un objetivo de rendimiento específico. De hecho, es bastante habitual que en estos casos, se simplifiquen los parámetros que determinan las zonas de entrenamiento, tal y como hacen muchos dispositivos electrónicos:

    • Zona 1. 50 – 60% FC máx.
    • Zona 2. 60 – 70% FC máx.
    • Zona 3. 70 – 80% FC máx.
    • Zona 4. 80 – 90% FC máx.
    • Zona 5. 90 – 100% FC máx.

    Como ves, a pesar de no coincidir plenamente con las propuestas de esta calculadora, son buenas aproximaciones para personas que, como decimos, no tienen un objetivo ambicioso de rendimiento y pueden entrenarse para mejorar su salud.

    ➜ Sin embargo, cuando hablamos de rendimiento deportivo, cada pequeño detalle cuenta; y, hasta ahora, podríamos decir que los corredores se servían principalmente de tres parámetros en su día a día para determinar la intensidad del entrenamiento: frecuencia cardiaca, el ritmo de carrera y la percepción subjetiva del esfuerzo, pero hacerlo con ellos tampoco está exento de limitaciones:

    • Percepción subjetiva del esfuerzo: no deja de ser subjetiva y está condicionada a factores como la experiencia del sujeto, entre otros. Es útil, pero debería ser complementada con otros parámetros objetivos como la potencia desarrollada o el ritmo de carrera (revisión, revisión).
    • Frecuencia cardiaca: es un parámetro interno que depende de factores como la hidratación, estrés, fatiga, condiciones meteorológicas, hora del día, estado de forma… (revisión) Por otro lado, no refleja la intensidad de manera instantánea, es decir, tarda unos minutos en estabilizarse y actúa con retardo para mostrar la intensidad. Además, tiene poca validez para esfuerzos cortos e intensidades altas o muy altas (revisión, revisión).
    • Ritmo: cuando se corre en terreno llano, es el parámetro estrella. No obstante, su medición con los GPS a veces es inexacta y puede que no haya un feedback inmediato. Además, puede variar según el viento, el terreno… pero, sobre todo, en terrenos con pendientes tiene poca validez, o al menos no es del todo práctico (por ejemplo, para corredores de montaña) (revisión).

    Ante esta situación, en los últimos tiempos está surgiendo otra variable más que añadir a la lista, una revolución, como algunos la definen: la potencia.

    👉 La potencia es un parámetro ampliamente estudiado y utilizado en el ciclismo (ejemplo, ejemplo, ejemplo), mientras que en la carrera a pie es un concepto relativamente nuevo. Sin embargo, está ganando cada vez más relevancia y algunos consideran que está provocando una "nueva revolución" en el mundo del running, al igual que lo hicieron la medición de la frecuencia cardíaca y los GPS tiempo atrás.

    Aunque la medición de la potencia en la carrera a pie aún tiene un largo camino por recorrer, ofrece a entrenadores y atletas una amplia gama de posibilidades de análisis que antes no eran posibles.

    Una de ellas, solo para situarte en contexto, es su uso como marcador de la intensidad, conocido comúnmente como entrenamiento por potencia. Según Van Dijk y Van Megen (2017), la potencia nos permite cuantificar y definir la capacidad del corredor.

    Estos autores proponen un modelo en el que argumentan que la potencia representa la capacidad de nuestros músculos y sistema cardiovascular, formando nuestro "motor humano" (human engine). Por lo tanto, consideran que la potencia es, hoy en día, el marcador más fiable y preciso de la intensidad del entrenamiento (Figura 3).

    Intensidad del entrenamiento

    Figura 3. Hoy en día, la potencia es el marcador más fiable y preciso de la intensidad del entrenamiento de carrera, aunque no todo el mundo tiene por qué usarla. Queda, quizás, más reservada su utilidad a personas que verdaderamente quieran mejorar el rendimiento.

    Sin embargo, trabajar con potencia no implica olvidarse de otros parámetros como los anteriormente mencionados: el ritmo, la frecuencia cardíaca o la percepción de esfuerzo, más bien al contrario. Este metanálisis reciente sobre el uso de la potencia como medidor de intensidad nos informa que podríamos llegar a tener todos en cuenta para un mejor control del entrenamiento con vistas a perfeccionar nuestra programación.

    En cualquier caso, en lo relativo a las zonas de entrenamiento por frecuencia cardiaca, lo que debería quedarte claro es que su utilidad es más clara con vistas a mejorar la salud, ya que es un objetivo específico de esa propia meta, que para mejorar el rendimiento, donde su aplicación tiene alguna que otra limitación.

    ¿Cómo mejorar la resistencia cardiovascular?

    La estructura de cualquier programa de entrenamiento es clave para lograr las adaptaciones que busquemos, tanto para mejorar la salud como para alcanzar el éxito deportivo y prevenir lesiones.

    Mejorar la capacidad aeróbica y la resistencia cardiovascular constituyen, en conjunto, un objetivo muy común para la mayoría de personas que realizan ejercicio y para muchos deportistas de modalidades predominantemente dependientes de la vía energética mitocondrial. 

    Aunque ambos conceptos están directa y estrechamente relacionados, no son lo mismo. Por un lado, la capacidad aeróbica se refiere a la capacidad de los músculos para utilizar el oxígeno durante el ejercicio, mientras que, por otro, la resistencia cardiovascular se refiere a la capacidad del sistema cardiovascular para suministrar ese oxígeno de manera eficiente.

    Una buena capacidad aeróbica y una resistencia cardiovascular adecuada son importantes para mejorar el rendimiento deportivo, ya que permiten a los atletas mantener un esfuerzo físico durante períodos más largos y a intensidades más altas sin fatigarse demasiado pronto.

    ➜ La capacidad aeróbica está determinada por tres factores principales: el consumo máximo de oxígeno (VO2 máx.), el umbral de lactato (VT1, LT) y la economía de carrera (revisión, revisión). Cualquier cambio en una de estas variables puede afectar significativamente al rendimiento. Así, resulta esencial para los deportes que dependen en gran medida de este componente de la aptitud física comprender la mejor forma de entrenar la capacidad aeróbica y optimizar estos factores individuales (Figura 4).

    Para hacerlo, las investigaciones de los últimos años, que cada vez son más y de mejor calidad, desafían las ideas clásicas de que solo las distancias largas son efectivas, destacando la importancia de combinar entrenamientos de larga duración, intensidad moderada y alta intensidad para obtener resultados óptimos.

    Combinar entrenamientos de larga duración

    Figura 4. Cualquier cambio en el consumo máximo de oxígeno (VO2 máx.), el umbral de lactato (VT1, LT) y/o la economía de carrera puede afectar significativamente al rendimiento, por lo que comprender la mejor forma de entrenar la capacidad aeróbica y optimizar estos factores individuales resulta fundamental cuando quieres mejorar tu desempeño en las carreras a pie.

    Por lo tanto, los mejores consejos que te podemos ofrecer para mejorar tu resistencia cardiovascular y tu capacidad aeróbica son los siguientes:

    👉 La base de tu rendimiento será el entrenamiento de larga duración e intensidad moderada

    El entrenamiento de larga distancia constituye la piedra angular en la preparación de deportistas de resistencia aeróbica, y debemos servirnos de ello. Este enfoque implica mantener intensidades moderadas, en las zonas 1 y 2 durante periodos prolongados (+30 minutos por sesión).

    Al realizar entrenamientos continuos en estas zonas de intensidad, como carreras largas a un ritmo cómodo y constante, tu cuerpo se adapta gradualmente para mejorar su capacidad para trabajar de manera más eficiente y sostenida, lo que resulta en una mejor resistencia cardiovascular.

    ➜ De hecho, si prestamos atención a las estrategias de entrenamiento de los mejores deportistas de resistencia, tanto de media como de larga distancia, observamos que en torno al 80% del volumen total de entrenamiento de todo el año se sitúa en estas zonas (revisión), por lo que, si miras el tiempo total de entrenamiento de tus mesociclos, parece que deberías pensar en pasar bastante tiempo en estas zonas.

    Aunque es el método más comúnmente utilizado para mejorar la capacidad aeróbica y la resistencia cardiovascular, no necesariamente se considera el más eficiente ni el único (revisión), cómo vamos a ver a continuación.

    👉 Incluye poco volumen en zona 3 y algo más en las zonas 4 y 5 (método trifásico)

    El método trifásico o polarizado ha ganado popularidad recientemente y se basa en la distribución de la carga de entrenamiento en tres zonas de intensidad: baja, moderada y alta, siguiendo, precisamente, el modelo de tres zonas que veníamos en la Figura 1 y que se determina a partir de los umbrales ventilatorios.

    Esta estrategia o modelo de entrenamiento distribuye la mayor parte del tiempo de entrenamiento de una temporada a intensidades bajas, algo menos de tiempo al ejercicio de resistencia aeróbica de alta intensidad y una cantidad mínima, aún menor que para los otros rangos de intensidad, a la intensidad moderada (detalle).

    Siguiendo con el hecho que mencionábamos previamente, según Haugen et al. (2022) los mejores deportistas de resistencia aeróbica, además de ese 80% de volumen total a intensidades bajas, destinan (Figura 5):

    • 5% del volumen total, aproximadamente, a la zona 3 del modelo de cinco zonas, 
    • 12-15% del volumen total de entrenamiento a la zona 4.
    • 0-3% restante a la zona 5.

    Correr largas distancias corredores élites

    Figura 5. Los entrenamientos de los mejores corredores se distribuyen principalmente en torno a las zonas 1 y 2 (muy baja y baja intensidad) a lo largo de todo el año. La zona 3, de intensidad moderada y que generalmente coincide con el ritmo de carrera, es a la que menos volumen total se destina (Haugen et al., 2022).

    ➜ La teoría sugiere que el entrenamiento de baja intensidad mejora la capacidad aeróbica básica, mientras que el entrenamiento de alta intensidad estimula adaptaciones más rápidas al VO2 máx. 

    Los estudios respaldan su eficacia (metanálisis), y aunque se requiere más investigación para comprender completamente sus mecanismos y su aplicabilidad a diversas poblaciones y deportes, si tu objetivo es mejorar la resistencia, distribuir el volumen total de entrenamiento mediante una estrategia polarizada puede ser una gran idea.

    👉 Incluye intervalos en las zonas 4 y 5 para mejorar aún más

    El entrenamiento a intervalos implica alternar períodos de ejercicio de (muy) alta intensidad y períodos de recuperación o descanso. 

    La duración e intensidad de los intervalos varían según la condición física y los objetivos individuales, pero cuando hablamos de mejorar la resistencia cardiovascular, la distancia de tu modalidad deportiva será el determinante principal del tipo de intervalos que utilices, su duración y el ritmo de carrera al que los realices.

    Como ya hemos dicho con anterioridad, si bien la carrera continua de larga duración y baja o moderada intensidad se considera comúnmente como el método para mejorar la capacidad aeróbica, investigaciones recientes sugieren que el entrenamiento de alta intensidad puede ser más efectivo y eficiente (revisión).

    ➜ Por ejemplo, en un estudio con 55 hombres moderadamente entrenados, Helgerud et al. (2007) encontraron que el entrenamiento de resistencia de alta intensidad fue significativamente más efectivo que el entrenamiento de intensidad baja o moderada para mejorar el VO2 máx.

    Otros estudios también han respaldado esta idea, incluidos aquellos que examinaron atletas con altos valores de VO2 máx. y concluyeron que la intensidad del entrenamiento no puede ser compensada por una mayor duración del mismo (ejemplo).

    Además, investigaciones recientes han mostrado que el entrenamiento de alta intensidad puede provocar un mayor incremento en el VO2 máx. que el entrenamiento de baja intensidad (ejemplo, ejemplo). Los intervalos realizados a casi máxima intensidad se han identificado como los más efectivos.

    Por lo tanto, una vez que los atletas han acumulado suficiente entrenamiento de resistencia aeróbica, se recomienda progresar hacia el entrenamiento interválico de alta intensidad. Para variar el programa, se pueden alternar entre diferentes protocolos que ofrecen, además, mucho más dinamismo y flexibilidad que los modelos tradicionales en la mejora del rendimiento deportivo en general.

    Puedes aprender más sobre ello en este artículo: Tipos de entrenamiento de intervalos (con ejemplos).

    👉 No te olvides del entrenamiento de fuerza

    Al entrenamiento de fuerza no se le suele prestar tanta atención cuando se pretende mejorar la resistencia aeróbica, pero lo cierto es que este es uno de los mayores errores que puedes cometer.

    La evidencia actual sugiere que, en corredores de media y larga distancia, entrenar fuerza puede mejorar la eficiencia en la carrera, uno de esos factores que determinan la capacidad aeróbica (revisión, revisión, metanálisis). Esto se ve reflejado en los indicadores de potencia y el rendimiento en distancias desde 1500 a 10 000 metros (Figura 6).

    Entrenamiento de fuerza mejorar eficiencia de carrera

    Figura 6. El entrenamiento de fuerza mejora la eficiencia de carrera a través de numerosas adaptaciones (Rabello Lima & Blagrove, 2020).

    Además, estas mejoras pueden lograrse con tan sólo dos sesiones semanales (lunes y jueves, por ejemplo), durante un período de 6 a 12 semanas. Se pueden obtener mejoras utilizando ejercicios diseñados para mejorar la fuerza máxima, explosiva y reactiva, ya sea de forma individual o en combinación; no es necesario que realices series de muchísimas repeticiones.

    En estos artículos te mostramos cómo incluirlo en tu programación:

    ➜ Puede ser efectivo que sustituyas un porcentaje entre el 20% y el 40% del volumen habitual de trabajo específico de resistencia aeróbica por entrenamiento de fuerza, algo que no muchos corredores tienen en cuenta, pero que, como ves, puede marcar la diferencia.

    Y no, si te lo estás preguntando, no existe evidencia que asocie el trabajo de fuerza con la aparición de efectos negativos a corto plazo relacionados con el aumento de masa corporal o sobreentrenamiento siempre, por supuesto, que se programe adecuadamente. 

    Combinar el entrenamiento de carrera con el de fuerza puede resultar en que seas un corredor bastante mejor, capaz de mantener la velocidad y la técnica de carrera durante distancias más largas (artículo). Es crucial considerar la integración adecuada de sesiones de fuerza en tu planificación anual.

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